China quiere que la Islas Spratly sea suya y nada más

Islas Spratly

Un islote de cuatro hectáreas en muy activa construcción toma forma en el Mar del Sur de China, a más de 400 kilómetros de la costa china mas cercana y literalmente en el corazón de una zona disputada por otros cinco países.

El islote artificial en la región conocida como de las Islas Spratly, coloca a China enmedio de una región estratégica tanto por su situación geográfica como por su riqueza pesquera y su posible fortuna en hidrocarburos y yacimientos submarinos.

La isla, todavía sin nombre pero creada a partir del arrecife de Fiery Cross (Cruz Ardiente), es construida tan aceleradamente como es posible por la República Popular China y se espera que no sólo servirá como el ancla para los reclamos de ese país por soberanía en una región que también reivindican Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán y Vietnam, sino según IHS Jane’s, para albergar un aeropuerto.

El hecho de que la región esté en disputa y sujeto al arbitraje internacional no parece perturbar al gobierno chino, que define sus actividades como “construir en casa”.

Y, desde luego, otros países costeros, con excepción de Brunei, han colocado instalaciones militares en la región. De hecho, en 1999 la marina filipina hizo encallar un barco-transporte, el Sierra Madre, en un arrecife y desde entonces mantiene ahí una pequeña guarnición militar para sostener su reclamo de soberanía.

Las Islas Spratly, son un archipiélago de alrededor de 30 mil islas, islotes, arrecifes, cayos y bancos de arena, ubicadas literalmente enmedio de una de las rutas comerciales más ocupadas e importantes del mundo.

De acuerdo con cálculos comerciales, durante la década de los ochentas navegaron esas aguas al menos 270 barcos tanque diarios; más de la mitad del tráfico mundial de supertanqueros (por tonelaje) pasa por ahí cada año. El 25 por ciento del petróleo crudo producido en el mundo transita por el Mar del Sur de China y el cruce de buques tanque es tres veces mayor que el tráfico a través del Canal de Suez y cinco veces el que cruza el Canal de Panamá.

De hecho, las Islas Spratly están mas bien entre las costas de Vietnam y de Filipinas, pero en la visión de China, su demanda no sólo es un reclamo de justicia histórica sino una necesidad geopolítica: la región es parte de los caminos que aseguran la ruta del petróleo desde Asia menor y de materias primas y alimentos de África y el sureste asiático.

El control de ese tráfico asume características de enorme importancia económica, estratégica y por tanto política para China, lo suficiente para que se haya decidido a construir lo que el almirante Harry Harris Jr., jefe de la Flota del Pacífico estadunidense, calificó como “Gran muralla de arena”.

Para los demás países ribereños, sin embargo, es un evidente ejercicio de la política de fuerza que acompaña a los reclamos chinos.

De acuerdo con la revista The Diplomat, especializada en temas de Extremo Oriente, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno chino, Hua Chunying, el trabajo ahora en marcha es más bien uno de construcción y mantenimiento.

“Optimizar sus funciones, mejorar las condiciones de vida y trabajo del personal estacionado ahí, mejor salvaguardia de la soberanía territorial y los derechos e intereses marinos, así como la mejor ejecución de la responsabilidad internacional de China y sus obligaciones para búsqueda y rescate marítimos, prevención y mitigación de desastres, investigación y ciencia marina, observación meteorológica, protección ambiental, seguridad naviera, servicio de la producción pesquera y otras áreas”.

Para la prestigiosa revista Foreign Affairs, del Consejo de Asuntos Exteriores de Nueva York (CFR, por sus siglas en inglés), “en tanto que China construye su presencia en el Mar del Sur de China, incrementa grandemente también su capacidad para vigilar, supervisar, acosar y aún proyectar fuerza contra sus vecinos. En palabras de Maquiavelo, Pekín ha decidido que es más importante ser temido que querido -y que hacer progreso antes de que un nuevo residente responda, es crucial para sus aspiraciones regionales”.

El islote es más reciente, pero no el único ejemplo de la urgencia con que China actúa ahora, tanto que el presidente Benigno Aquino advirtió a principios de abril que “el mundo debe temer” las posibilidades que pueden surgir. incluso por accidente, en una acción política tan enérgica.

China reclama la soberanía sobre la mayor parte del Mar del Sur de China, incluyendo las áreas junto a las costas de otros países asiáticos, utilizando una línea de demarcación confrontacional que apareció por primera vez en los mapas chinos en la década de 1940. Sin embargo, los anales históricos indican una presencia china ahí desde el siglo XII. Pero también hubo presencia vietnamita.

Buena parte de esos reclamos choca con las demandas de soberanía de Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei y la República de China (Taiwán) tienen demandas superpuestas, con el agregado de que la República China (Taiwán) —donde se refugiaron los nacionalistas tras su derrota en China continental tras la guerra civil y la victoria de Mao ZeDong en 1948— se basa en argumentos que evocan los de China Popular.

Los derechos han sido disputados por décadas y han hecho de la región uno de los puntos más delicados en Asia. Las tensiones han aumentado en los últimos años a medida que China se ha movilizado para afirmar su autoridad sobre las áreas en disputa.

Varias confrontaciones, a veces armadas, han ocurrido al paso del tiempo. La última, luego de un tenso enfrentamiento entre patrulleras marítimas chinas y la Armada filipina en 2012: China tomó el control de una rica zona de pesca llamado Scarborough Shoal, que Filipinas considera dentro de su zona económica exclusiva.

El choque más sangriento ocurrió en 1988, entre las armadas de China y Vietnam, por la disputa del Johnson South Reef, que se saldó con más de 60 marinos vietnamitas muertos.

Paralelamente, Estados Unidos y Japón ven con preocupación la acumulación china. Por un lado, si bien la Armada china no se compara aún con la estadunidense, sus números y la creciente calidad de su equipo pueden negar acceso a cualesquier barcos del mundo en lo que China considera como su mar interior, el Mar de China, que desde el norte arranca en la península de Corea y al sur buscan establecer en las Islas Spratly.

Los trabajos de construcción ocurren literalmente mientras una corte internacional en La Haya estudia una solución al diferendo.

Pero la isla en construcción, y el establecimiento de una prefectura con sede en la ciudad de Sansha (provincia de Hainan) como capital de esa región administrativa, que difícilmente pueden ser denegados o hechos retroceder cuando el interés nacional está en juego.

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