Elecciones en afganistan, Hamid Karzai

El presidente afgano Hamid Karzai, instalado por Occidente en 2001 y elegido en 2004, volvió a demostrar su habilidad política manteniéndose como favorito para un nuevo mandato en los comicios del jueves, pese al pobre balance de su gestión en materia de seguridad y de lucha anticorrupción.
El mandatario saliente prometió, en un mitin ante unos 15.000 partidarios a principios de agosto en el estadio de Kabul, “una vida mejor que hoy en día” para los afganos, en caso de ser reelecto.
Conocido por su cortesía y elegancia, con su caftán verde y violeta y su bonete de astracán, Karzai, de 52 años, nació en una familia de poder. Y fue el hombre que Estados Unidos colocó al frente del país tras la intervención militar internacional que derrocó al régimen islamista talibán a fines de 2001.
Fue también el candidato apoyado oficiosamente por Washington en los primeros comicios del país en 2004, que la población vio como la promesa de una nueva era y en los que participó con entusiasmo.
Pero su estrella se ha apagado bastante desde entonces. En Washington, la nueva administración de Barack Obama no le ha ahorrado críticas al principio, antes de atenuarlas por falta de alternativa.
Y la cólera cunde entre la población por su fracaso a la hora de atajar la violencia, en su nivel más alto desde 2001, y de combatir el crimen y la corrupción.
Karzai puede atribuirse, en cambio, varios éxitos, en materia de sanidad y educación sobre todo.
Y sigue siendo el gran favorito de las elecciones. Las maniobras entre bastidores desde hace meses parecen garantizarle los apoyos necesarios para imponerse a sus 40 contrincantes.
Pastún del clan de los Popalzai, nacido el 24 de diciembre de 1957 en el pueblo de Karz, cerca de Kandahar, la gran ciudad del sur cuna de los islamistas talibanes, estudió en Kabul y luego en la India, donde se especializó en ciencias políticas.
Casado con Zenat, médica de presencia muy discreta, tuvo un hijo en 2007.
Entre 1982 y 1994, pasa la mayor parte del tiempo exiliado, sobre todo en Pakistán, excepto un efímero paso como viceministro de Relaciones Exteriores por el Gobierno muyaidín en 1992.
En 1994, de regreso en Kandahar, cultiva relaciones con los talibanes pero rompe definitivamente con ellos cuando su padre muere en 1999 en Quetta (Pakistán) en un atentado atribuido a los estudiantes de religión.
Regresa clandestinamente a Afganistán en octubre de 2001 y, después del derrocamiento de los talibanes por una coalición militar internacional dirigida por Estados Unidos, es designado presidente en diciembre de 2001, en la conferencia de Bonn, encargada de constituir un Gobierno “interino”.
Confirmado en junio de 2002 por una Loya Jirga (gran consejo tribal), gana a finales de 2004 la primera presidencial por sufragio universal directo de la historia afgana, con un 55% de los sufragios.
Hamid Karzai ha sobrevivido al menos a cuatro intentos de asesinato, el último durante un desfile militar en abril en Kabul.
Sólo ha participado en algunos mítines de campaña, bajo alta protección, y ha anunciado dos prioridades: duplicar los efectivos policiales y militares de aquí a cinco años y abrir negociaciones con los talibanes, una propuesta recurrente que los rebeldes han rechazado siempre.
También se ha negado a participar en un debate televisado con sus principales rivales, que ponen en duda su competencia para dirigir el país.
Su decisión de designar como candidato a la vicepresidencia a Mohammad Qasim Fahim, un ex jefe de guerra tayiko acusado de crímenes de guerra, ha horripilado a la comunidad internacional, pero debería aportar al presidente pastún los votos de la influyente minoría tayika.
También líderes de las comunidades uzbeka y hazara han anunciado su apoyo al presidente saliente. Sus rivales han fracasado a la hora de formar un frente unido

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