El regreso a casa (Honduras)

Cansados y con incertidumbre sobre la situación política de su país, decenas de turistas hondureños regresaban este martes a su país desde el exterior donde fueron sorprendidos por la noticia de la expulsión del presidente Manuel Zelaya.
“Llevamos viajando dos días, con los niños y la abuela, sólo queremos llegar a casa. Para la política ya habrá tiempo”, dice Patricia Sánchez, una ingeniera a quien las noticias del golpe de Estado la sorprendieron mientras regresaba con su madre y con sus hijos adolescentes de unas vacaciones en Río de Janeiro.
En la misma fila para hacer migración en el aeropuerto de Toncontin, Rodolfo Alvarez, un abogado de 58 años, se encargaba de proclamar a quien quisiera escucharlo que la situación en su país la había creado el propio presidente.
“Nosotros los hondureños queremos vivir en paz y los acontecimientos que se han presentado desde el domingo han sido ocasionados por el señor Zelaya: él no dice la verdad y la mayoría de nosotros no quiere que su país se convierta en otra Cuba o en una Venezuela”, señaló.
Zelaya fue derrocado y obligado a salir de Honduras el domingo, en cumplimiento de una orden judicial, y fue reemplazado en la presidencia por el legislador Roberto Micheletti, en un acto que recibió la condena internacional y generó manifestaciones que derivaron en violencia en Tegucigalpa y las principales ciudades del país centroamericano.
Las aerolíneas regionales que tienen vuelos regulares hacia Tegucigalpa como la panameña Copa o la salvadoreña Taca, han mantenido sus frecuencias aunque adaptando los horarios al vaivén de los acontecimientos.
“Primero nos dijeron que no había problemas, que llegaríamos a Honduras el mismo lunes, pero tras nueve horas de espera y cuando ya estábamos carreteando hicieron devolver el avión a Guatemala”, se queja Leticia Utrecho, hija de un pastor evangélico que se dirigía hacia San Pedro Sula.
Los países del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) anunciaron el lunes en Managua que impondrían una suspensión de 48 horas al tráfico por carretera desde los países fronterizos como Nicaragua y El Salvador, pero esa decisión no ha afectado al transporte aéreo.
El flujo de pasajeros se mantiene constante, dice Ivette Zelaya, responsable de relaciones públicas de la empresa que maneja el terminal aéreo. “Se han presentado algunas variaciones en los itinerarios, pero dada la situación podemos considerar que todo marcha normalmente”, manifestó.
Unidades de policías y militares están apostadas en los alrededores del aeropuerto y los registros a quienes ingresan son exhaustivos, aunque pocos hondureños creen que la violencia que se ha apoderado de las manifestaciones, que han dejado unos 300 heridos y 180 detenidos, pueda llegar hasta el terminal.
“La cosa está caliente y fea afuera en los alrededores de la casa presidencial, pero si Zelaya cumple con su anuncio de que se va a regresar el jueves, seguramente sus seguidores se van a venir para acá y todo se va a complicar”, predice Leoncio Torres, un taxista que cubre habitualmente la ruta del aeropuerto.
La justicia emitió una orden de captura contra Zelaya, que será detenido en cuanto pise territorio hondureño, advirtieron

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