La policía afgana mató a siete jóvenes al confundirlos con insurgentes, informó la policía de ese país

El incidente ocurrió en la provincia de Kandahar, en el sur del país, cerca de la frontera con Pakistán.

Martin Patience, corresponsal de la BBC en Kabul, informa que los hombres estaban recogiendo leña cuando la policía comenzó a dispararles al creer que eran insurgentes.

Seis policías implicados están detenidos y siendo interrogados.

El hecho ocurrió durante la noche en el pueblo de Spin Boldak, ubicado en un área que sirve de entrada a militantes talibanes paquistaníes para infiltrarse en Afganistán y realizar ataques contra miembros del gobierno y fuerzas internacionales.

La muerte de civiles es un tema delicado en Afganistán. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), el año pasado más de 2.400 civiles murieron en combates entre las autoridades y los grupos armados.

De acuerdo con la ONU, el 70% de esas muertes fueron producto de ataques del Talibán, pero muchos afganos creen que esos civiles no habrían muerto si las tropas extranjeras no estuvieran en el país.

El presidente Hamid Karzai ha advertido varias veces que la muerte de civiles perjudica el apoyo popular a su administración y a la presencia militar de Estados Unidos en el país

Turquía y los países vecinos de Afganistán apoyaron el martes “el proceso de reconciliación con los talibanes” impulsado por el presidente afgano Hamid Karzai, en una declaración difundida tras una cumbre regional en Estambul.

El jueves próximo en Londres, en la Conferencia sobre Afganistán, Karzai anunciará un programa de reconciliación con los talibanes que no forman parte de la red de Al Qaida.

El lunes pasado, al final de una reunión con sus homólogos turco Abdulá Gul y paquistaní Asif Alí Zardari, Karzai anunció en ese sentido que iba a solicitar que se retire de la lista de sanciones de la ONU a varios dirigentes talibanes.

El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, anunció el martes que su país quiere empezar a retirar en 2011 sus tropas de Afganistán.

“En 2011, queremos (…) empezar a retirar nuestro contingente y en 2014 traspasar la responsabilidad de la seguridad en Afganistán”, dijo Westerwelle, que representará a su país en la conferencia internacional sobre Afganistán que se llevará a cabo en Londres.

El ministro destacó sin embargo que Berlín no se había dado plazo para completar la retirada de sus tropas.

La jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, había indicado previamente que Alemania quería enviar 500 soldados más a Afganistán, para formar un contingente de 5.000 hombres, y tener disponibles a 350 reservistas suplementarios.

Alemania tiene el tercer contingente en la fuerza de 110.000 soldados extranjeros desplegada en Afganistán desde la invasión liderada a fines de 2001 por Estados Unidos para derrocar al régimen de los islamistas talibanes. El primer contingente es el estadounidense y el segundo el británico.

Merkel indicó además que Berlín quiere aportar 50 millones de euros (70 millones de dólares) en cinco años a un fondo internacional de 500 millones de dólares constituido para apoyar el plan de reintegración de los talibanes a la vida política, impulsado por el presidente afgano Hamid Karzai.

Alemania duplicará asimismo, de 220 a 430 millones de euros, su apoyo a la reconstrucción de Afganistán en el periodo 2010-2013.

Mañana se cumplirán ocho años de la llegada de los primeros sospechosos de terrorismo a Guantánamo, donde permanecen 198 detenidos, con muchos de los cuales el gobierno de Estados Unidos aún no sabe qué hacer.

El 11 de enero de 2002 tocó tierra en Guantánamo un avión militar con veinte hombres, que viajaron encapuchados y amarrados con correas al suelo de la nave, y fueron internados en una especie de jaulas.

Su llegada transformó una base de segunda categoría, con una dotación militar escasa, en el penal más defendido y polémico del mundo.

El aniversario ocurre diez días antes de la fecha límite que se impuso el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para vaciar las celdas, una promesa que no cumplirá, como admitió.

La orden del cierre fue uno de sus primeros actos tras llegar a la Casa Blanca, un anuncio cargado del simbolismo de la ruptura con la política de su antecesor, George W. Bush, que quiso convertir a Guantánamo en un lugar al margen de las leyes estadunidenses y del derecho internacional.

Pero Obama no contó con la resistencia de miembros del Congreso, incluso de su propio partido, a traer a algunos de los detenidos a Estados Unidos, al tiempo que sobreestimó la disponibilidad de sus aliados a aceptar a otros reclusos.

Las organizaciones de derechos humanos usaron hoy el aniversario para presionar a Obama para que no ceda a las demandas de los que prefieren el status quo.

El Gobierno “debería renovar su promesa de cerrar la prisión de forma rápida y responsable”, dijo la asociación Human Rights Watch en un comunicado.

Y Human Rights First, otra asociación humanitaria, recalcó que “cada día que el penal está abierto es un regalo para la máquina de propaganda de Al Qaeda”.

La tarea de encontrar un destino a los prisioneros se le ha complicado al gobierno con el atentado fallido contra un avión con destino a Detroit el día de Navidad, presuntamente llevado a cabo por un nigeriano entrenado en Yemen

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