Los líderes demócratas en el Congreso esperan que la presentación de la propuesta final del presidente Barack Obama para reformar el sistema de salud el miércoles vuelva a dar vida a su principal iniciativa de política interna, que hasta hace poco parecía no tener esperanzas.

El presidente planeaba presentar su plan en la Casa Blanca, luego de decir el martes que estaba dispuesto a incluir cuatro propuestas de los republicanos en el proyecto. Como muestra del partidismo exacerbado que ha dominado este debate, su oferta no recibió elogios republicanos. Más bien, estaba pensada para lograr el apoyo de algunos demócratas moderados al demostrarles que se hicieron intentos de cooperar con la oposición.

“Me gusta la idea de que el presidente trabaje con los republicanos e intente encontrar puntos de acuerdo”, dijo el senador moderado Mark Pryor. “Creo que es una buena posición para él, creo que es lo que el pueblo estadounidense quiere ver”.

La presentación será el punto culminante de un año de lucha sobre la reforma, que aún no tiene asegurado su destino. Los líderes demócratas esperan aprobar el proyecto en el Congreso a fines de mes o antes, sin importar la esperada oposición unánime de los republicanos. Esto les permitiría cerrar un tema importante a tiempo para las elecciones de noviembre, en que se decidirá quién controla el parlamento.

El presidente estadounidense, Barack Obama, presentó este lunes una nueva versión de su plan de reforma de salud, que permitiría dar cobertura a “31 millones de estadounidenses” adicionales y limitar el aumento de las primas.

La publicación de este plan en la página web de la Casa Blanca tiene lugar a cuatro días de la “cumbre” del jueves, a la que Obama invitó a legisladoras demócratas y republicanos para superar el estancamiento sobre este tema emblemático para su mandato.

Hace un año, en un ceremonia inaugural única, Barack Obama puso su mano sobre la Biblia de Abraham Lincoln y le aseguró a la nación que, con esperanza y virtud, se podrían “sortear las corrientes heladas y soportar lo que traiga la tormenta”. En el otro extremo del país, en Seattle, Glen Boyd ya sabía lo que traía la tormenta económica. Dos semanas atrás se había quedado sin trabajo este vendedor de DIRECTV, que apoyaba a Obama y tenía grandes esperanzas en su gestión. “Me sentí muy orgulloso. Pensé que era la persona indicada. Estaba optimista”, recuerda Boyd.

Ahora, un año después, Boyds escribe en su blog: “Creímos todo lo que decía en sus discursos de ’sí, se puede’. Mi única pregunta es ¿dónde están todos esos discursos ahora?”. “Decir que me siento decepcionado con la presidencia de Obama no basta para describir lo que siento”. Olvídese de las palabras “se puede”, “cambio” y, sobre todo “esperanza”. Si algo describe hoy la actitud de la gente hacia Obama es la palabra desencanto. Las encuestas muestran un constante declive en los índices de popularidad del mandatario desde que asumió la presidencia el 20 de enero pasado. De hecho, según la consulta más reciente de Gallup, inicia su segundo año de gobierno con los índices más bajos que ha tenido un presidente a la misma altura de su gestión en los últimos 50 años. Hacia el 1ro de enero, un 50% de los consultados aprobaba su gestión y un 44% la desaprobaba.
La decepción es especialmente fuerte entre quienes esperaban grandes cosas de Obama.

“De repente estábamos hablando de cosas realmente importantes, de cuestiones sociales que habían sido olvidadas por años. Era emocionante, refrescante”, comenta Matt Sullivan, concejal de Pleasanton, California. Un año después, se siente defraudado. “¿Qué pasó con este tipo?”, pregunta. “¿Qué pasó con su visión del país y del mundo? Todo se esfumó”. Sullivan expresa desencanto con la política de salud, la economía y los programas de energía. Pero lo que más le molesta es que Estados Unidos siga librando dos guerras que, según él, dañan la imagen del país en el exterior y perjudican su seguridad.

“Esencialmente, es la misma retórica de (George W.) Bush, solo que expresada más inteligentemente”, dijo Sullivan. El concejal se siente frustrado con el sistema político en general y cree que si Obama, con sus cualidades, su carisma y su determinación, no puede cambiar nada, nadie puede hacerlo. “Terminas dudando de que la democracia representantiva funcione para la gente común”, manifestó. Beverly Wardell se siente frustrada, pero piensa que hay que darle tiempo a Obama. “Si se generaron demasiadas expectativas, no es su culpa”, dijo Wardell, una jubilada de 65 años de Clifton, Nueva Jersey. “Creo que la gente estaba tan desesperada después de Bush que Obama parecía un rayo de esperanza. Tal vez esperamos demasiado de él”. A Wardell le interesan sobre todo el plan de salud y la promesa de Obama de retirar los soldados de Irak. Los tropiezos con el proyecto de reforma al plan de salud la frustran enormemente y cree que el gobierno no está haciendo la suficiente fuerza para frenar a los republicanos.

“Esperaba que Obama siguiese la línea de un Franklin Roosevelt e hiciese cosas que ayuden a la clase media”, declaró. A pesar de sus frustraciones, Wardell pronostica que dentro de tres años volverá a votar por Obama, aunque sin depositar tantas ilusiones en él. Charleszetta Lewis sufre con los padeceres de su madre, una viuda de 82 años que debe tomar diariamente más de media docena de medicinas. Debido a lagunas en el plan de salud del gobierno, la anciana debe costear en su totalidad las medicinas después de superar cierto límite y hasta llegar a otro. Se siente furiosa porque el partido y el presidente por los que votó no logran hacer pasar una reforma amplia al programa de salud pese a tener mayoría en el Congreso. Lo que más acongoja a esta ex capataz de una planta de Chrysler, de 62 años, hoy jubilada, no obstante, es la actitud del pueblo estadounidense.

“La inmadurez del diálogo, donde abundan la hostilidad, el rencor y la maldad, da un mal ejemplo a la juventud”, escribió Lewis, de 63 años, en una carta al diario Tribune de Kokomo, Indiana. Lewis, quien es negra, como Obama, dice que no se pueden esperar resultados inmediatos. Obama “nunca dijo que todo lo haría en los primeros seis meses”, afirmó. “Ni en los primeros ocho, nueve meses, o el primer año. Dijo que lo haría en su primera gestión”. “¿Dónde quedó el sentido común? Dénle tiempo al presidente Obama y dejen de actuar como mocosos inmaduros”.

El desencanto de Jenny Hartz es de tal magnitud que hace poco se detuvo a escuchar lo que decían unos militantes de la organización del republicano conservador Ron Paul en una feria de Lawrence, Kansas, y se sintió interesada en su mensaje. En el pasado, consideraba a la gente de Paul “un grupo de libertarios locos, con ideas poco realistas”. Esta vez, en cambio, le gustó lo que decían acerca de un gobierno limitado y más responsabilidad individual. Hartz, de 22 años y quien se graduó de la Universidad de Kansas en mayo, dice que no responsabiliza a Obama personalmente por no haber cumplido sus promesas y que piensa que esperó demasiado de él. “Otra vez nos prometieron una cosa y nos dieron otra”, afirmó.

David Bernstein nunca se dejó encandilar por Obama, pero de todos modos tenía esperanzas en que trajese un cambio. Este profesor de leyes de la George Mason University de Virginia, de 42 años, dice que Obama “cambió algunas políticas de Bush, pero no la forma en que se maneja Washington”. Bernstein, quien afirma tener “inclinaciones libertarias”, pero votó por el republicano John McCain, dice que Obama se dejó influenciar por las mismas políticas de cabildeo de determinados sectores que él había denunciado. Y cuestiona el presupuesto que aprobó.

Considera que debió haberlo vetado, diciendo “le demostraré al pueblo que tendré un manejo fiscal responsable”. Lamenta que Obama no haya reducido lo que considera gastos innecesarios ni haya hecho más transparente el gobierno. “Dejé de darle el beneficio de la duda cuando faltó a su palabra en todos estos temas”, expresó.

David Katz, un cirujano vascular jubilado de 73 años con ideas liberales, que apoyó firmemente a Obama, se siente desconcertado por todo el terreno que ha cedido el presidente en relación con el plan de salud. “Dígame, ¿qué ha hecho Obama? El hombre de la esperanza y el cambio ha perdido toda esperanza y ha cambiado muy pocas cosas por su deseo de quedar bien con ambos bandos en el Congreso”, declaró. Katz dice que comprende que las cosas no son sencillas y que hay que transar, pero no puede ocultar su desencanto. “Uno pone a alguien en un pedestal, piensa que tiene esta o aquella cualidad, y resulta que o no las tenía, o lo engañaron a uno, o el tipo cambió”, expresó.
Katz, quien vive en Oxnard, California, dice que él y sus amigos se preguntan si Obama necesita más tiempo, es un incompetente o le falta experiencia. Admite, no obstante, que hay que darle más tiempo y que todavía puede cumplir muchas de sus promesas.

“No se le pueden tirar los lobos porque no hizo todas estas cosas en un año”, manifestó.

Los hispanos ocupan una razonable cuota de poder en el gobierno de Barack Obama y el nivel de aprobación del presidente sigue siendo muy elevado tras un año en el cargo, pero la crisis económica y la reforma migratoria pendiente amenazan con ensombrecer ese balance. A finales de 2009, Obama había propuesto a 49 hispanos en puestos de alta responsabilidad en su gobierno, de los cuales 35 fueron aprobados por el Senado, en comparación con los 34 bajo George W. Bush y 30 bajo Bill Clinton, según datos de la Casa Blanca.

En el gabinete de Obama hay dos secretarios latinos, Hilda Solís (Trabajo) y Ken Salazar (Interior). Durante la presidencia del republicano Ronald Reagan (1981-1989) llegaron a ser tres, pero al inicio de su presidencia, Obama consiguió algo realmente histórico: lograr que entrara en la Corte Suprema por primera vez una juez hispana, Sonia Sotomayor.

El propio Obama llegó a confesar luego que era la decisión que más le llenaba de orgullo, ante una durísima oposición republicana que no le dio tregua en ningún frente. Nunca antes la comunidad hispana en Estados Unidos se movilizó tanto en favor de un presidente en unas elecciones: cerca del 67% de los hispanos que acudieron a las urnas (10 millones, cifra récord de participación) votaron por Obama.

Un año después, el nivel de popularidad de Obama entre los hispanos, la principal minoría en el país (unos 46 millones) sigue siendo muy alto. Un 73% aprueba la gestión del primer presidente negro estadounidense, en comparación con apenas un 49% de aprobación entre la población a nivel general, según Gallup. Pero la crisis pesa: los hispanos cerraron 2009 con una tasa de desempleo del 12,9%, casi tres puntos porcentuales por encima de la media del país. Algunos estudios calculan que cerca de medio millón perdieron sus casas en el naufragio inmobiliario.

Las organizaciones de presión como La Raza exigen políticas particulares para la minoría hispana. “Los trabajadores latinos y los de otras minorías han estado haciendo todo lo que pueden para encontrar un trabajo”, expresó recientemente la presidenta de La Raza, Janet Murguía, “pero si el gobierno no hace su parte, el desempleo continuará plagando nuestras comunidades”.

“¿En qué se traduce que haya más latinos en posiciones de poder?” se pregunta Arnoldo Torres, consultor y analista político independiente. Aunque el gobierno ha promovido acciones específicas para la comunidad, como ayudas en el sector de la construcción, sus responsables insisten en que deben ofrecer las mismas soluciones a los hispanos que al resto de la población.

Esa fue la intención del paquete de estímulo económico aprobado a principios de la presidencia, y también de la ambiciosa reforma sanitaria.
Pero esa reforma sanitaria, aún a debate en el Senado, no incluirá con toda probabilidad a los 12 millones de indocumentados, lo que empieza a despertar irritación en organizaciones y líderes de la comunidad. Es en el Congreso donde la suerte política de Obama en la comunidad hispana puede decantarse hacia el desencanto.

Los demócratas dominan de forma histórica ambas cámaras del Congreso, pero la reforma migratoria aparece cada vez como menos prioritaria. Obama dijo que quería que se presentara alguna iniciativa en el primer año de gestión, pero ese plazo no se ha cumplido, a excepción de un proyecto de ley presentado por el representante demócrata Luis Gutiérrez.

“Dependemos de una sola persona para resolver nuestros problemas. Tenemos que ser más prácticos”, critica Torres en referencia a las esperanzas de reforma migratoria de la comunidad, que ya fueron derrotadas en dos ocasiones, en 2006 y 2007.

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