La falta de normas y garantías legales en el mecanismo internacional para la transferencia de fondos a los países ricos en bosques tropicales puede generar, especulación y conflictos sin fin.
Tal es la advertencia contenida en un informe presentado hoy en la londinense Chatham House por un grupo de trabajo conocido como Rights and Resources Initiative (Iniciativa de Derechos y Recursos): siglas inglesas RRI.
Según ese grupo, la falta de claridad existente en los derechos de propiedad de las tierras en algunos países, sumada al peligro de corrupción, puede hacer fracasar el programa de tres mil 500 millones de dólares destinado a reducir las emisiones de C02 en la atmósfera evitando la destrucción de la selva tropical.
Los autores del informe, titulado “El final del Hinterland: Conflicto y Cambio Climático” citan numerosos estudios que indican que en 2010 el enorme potencial de lucro intensificará la competencia entre los gobiernos e inversores más poderosos y los actores locales como las comunidades indígenas.
“Será como el Salvaje Oeste. Un caos total en los mercados de carbono, pero también sobre el terreno”, advierte Andy White, coordinador de la RRI.
La iniciativa “Reduced Emissions from Deforestation and Degradation” (REDD) fue elogiada el pasado diciembre como uno de los raros puntos de consenso de los participantes en la conferencia de Copenhague.
Los negociadores confiaban en que posibilitase reducciones fáciles y a bajo costo de las emisiones de CO2 así como financiación e inversiones para los países en desarrollo ricos en bosques, pero el hecho de no haber acordado estándares y salvaguardas legales hace presagiar lo peor.
“Los bosques seguirán estando lejos de los centros de poder, pero serán divididos, controlados y utilizados como moneda de cambio política a nivel global como no había ocurrido nunca antes”, afirma el coautor del informe, Jeffrey Hatcher.
Según Hatcher y White, toca a su fin la época en la que los bosques eran áreas remotas y casi olvidadas excepto para la provisión de recursos naturales baratos.
Las materias primas como los alimentos, el combustible, la fibra, pero también el carbono son cada vez más valiosos y los satélites y la nueva tecnología en general permite analizar, monitorear y, llegado el caso, controlar a distancia los bosques.
Y los dirigentes nacionales y locales pueden ser objeto de intentos de soborno para arrancarles acuerdos relacionados con su explotación que hagan caso omiso de los derechos de los afectados, advierte el informe.
Ya ha habido casos de conflictos entre comunidades locales y gentes de fuera, señalan sus autores, que citan la llamada “matanza de Bagua” , choque violento en la Amazonía peruana entre manifestantes indígenas y la policía militar, que dejó cerca de cien muertos.
También en la India, pese a la promulgación en 2009 de una ley de derechos forestales que se presentó en su día como un éxito para los grupos tribales, las informaciones llegadas desde el terreno indican que prácticamente nada ha cambiado.
Las comunidades locales y los pueblos indígenas se están organizando y exigen que se respeten sus derechos, pero si éstos no se les garantizan de acuerdo con el derecho internacional, REDD no va a funcionar”, avisa Marchus Colchester, de la ONG Forests People Program.
Armados con nuevas tecnologías y herramientas, como los GPS, los pueblos indígenas han tomado medidas para lograr que se les reconozcan legalmente sus derechos, especialmente en Latinoamérica, porque África y Asia están muy atrasadas al respecto.
Los autores del informe señalan que en Brasil, el Tribunal Supremo reconoció oficialmente el pasado marzo los derechos de propiedad de la tierra de la reserva indígena Rapos Serra do Sol, y un estudio del derecho brasileño e internacional indica que la tribu Surui puede reclamar lo mismo la propiedad legal de los derechos del carbono forestal asociados con sus tierras de Rondônia
El año 2009 fue el segundo más caluroso de la historia moderna y una prueba de que el calentamiento global persiste sin tregua, reveló ayer la NASA.
Además, este 2010 podría ser el más caluroso de la historia por la influencia de los fenómenos meteorológicos de El Niño y la Niña. Según el Instituto Goddard de Estudios Espaciales, 2009 fue el año más candente para el hemisferio sur desde 1880
Cuando se ponga el sol en la víspera de Año Nuevo, habrá concluido la década con las temperaturas más altas de la historia de la Tierra y por delante habrá temperaturas superiores todavía, según los científicos. A lo largo de una década de grandes cambios, de guerras y divisiones, los pueblos de todo el mundo enfrentaron un enemigo común: el incremento en los emisiones de gases con efecto invernadero, el alza en las temperaturas, el peligro de un clima cambiante, mareas cada vez más altas y daños monumentales al medio ambiente causados por la humanidad. Sobre el fin de la década, las Naciones Unidas reúnen a los gobernantes de casi 100 países para tratar de concertar una acción mancomunada con el objetivo de reducir el consumo de carbón y de otros combustibles fósiles.
El secretario general de la ONU Ban Ki-moon les dijo que tienen delante de sí “una gran oportunidad” de hacer algo por la humanidad en la conferencia climática de Copenhague. Sin embargo, sigue sin haber unidad de criterios y no parece probable que se tomen decisiones históricas. “En el fondo, sabemos que ustedes no están escuchando”, les dijo el presidente de las Maldivas Mohamed Nasheed a sus colegas en una conferencia realizada en septiembre. Las Maldivas corren peligro de desaparecer por la crecida de los mares. La patria de Nasheed, un grupo de islas en el océano Indico, será una de las primeras víctimas de esa crecida generada por la expansión que produce el calor y por el derretimiento de los glaciares. Los residentes de numerosas islas y de zonas costeras ya están buscando refugio en otros lugares.
Los mares, además de más cálidos, son más ácidos por el dióxido de carbono, el principal de los gases de efecto invernadero que contaminan la atmósfera. La acidez y las aguas calientes matarán arrecifes y harán peligrar la vida marina. En los primeros nueve años de la década, las temperaturas mundiales promedio fueron 0,6 grados centígrados (1,1 Farenheit) más altas que el promedio de 1951 a 1980, según la NASA y las temperaturas subieron a ritmo más acelerado en el extremo norte del planeta. En los últimos tres veranos del hemisferio norte se derritió más hielo que nunca antes en los tiempos modernos en el mar Artico. La cantidad de agua derretida que arroja al mar la enorme masa de hielo de Groenlandia aumenta un 3% todos los años.
Con cada año que pasa se debilita la capa de permahielo en el Artico, amenazando con liberar grandes cantidades de metano, un gas que calienta el ambiente. Al disminuir el hielo, se refleja menos el sol y la Tierra absorbe más calor. En el extremo sur, a fines de la década los científicos comprobaron que la Antártida también se está calentando. Las masas de hielo de las costas se desprenden y permiten que los glaciares empujen más hielo hacia el mar. En la década del 2000 los glaciares se derritieron, reduciendo las fuentes de agua para miles de millones de indios, chinos y sudamericanos. También pierden agua los grandes lagos de Africa debido a las temperaturas más altas, la evaporación y las sequías. En todo el mundo, las plantas florecen más temprano y los lagos tardan más en congelarse. En el Artico, sorprendidos esquimales ven aparecer petirrojos, un pájaro de regiones más al sur.
Todos estos fenómenos suceden a un ritmo mucho más rápido que el anticipado, según los científicos. Hacia el final de la década, las emisiones de dióxido de carbono correspondían al peor de los siete escenarios que planteó en 2001 el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas. Todos los años se emiten casi 29.000 millones de toneladas de gas, un 23% más que hace una década. Al ritmo actual, para 2060 las temperaturas serán cuatro grados centígrados (siete Farenheit) más altas que en la era preindustrial, de acuerdo con científicos británicos. A fines de 1800, usando un lápiz y una regla de cálculos, el genial científico sueco Svante Arrhenius demostró que el dióxido de carbono podría calentar el planeta en un lapso de… 3000 años. No vislumbró el nivel a que llegaría el uso de combustibles fósiles en el siglo XX.
Las supercomputadoras de hoy le dicen a los científicos que para revertir el fenómeno de las emisiones y evitar una crisis planetaria, la década que comienza puede ser vital, una última oportunidad de corregir el daño que se ha hecho.
India consiguió su objetivo de que no hubiera un acuerdo vinculante sobre la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero en la Conferencia sobre el clima de Copenhague, declaró el martes, ante el Parlamento, el ministro indio de Medio Ambiente Jairam Ramesh.
“Podemos mostrarnos satisfechos de haber conseguido nuestro objetivo en la cuestión” de las metas de reducción de emisiones obligatorias, dijo Ramesh.
“Lo hemos hecho bastante bien”, agregó Ramesh, visiblemente satisfecho con los resultados de la conferencia de Copenhague.
Según los expertos, India es uno de los países más contaminantes del mundo.
El acuerdo de último minuto obtenido el sábado pasado en Copenhague ha sido calificado por muchos observadores como insuficiente y decepcionante pues no incluye los objetivos de reducción de los países industrializados recomendados por los científicos ni las metas a largo plazo para el conjunto del planeta.
Los grandes países en desarrollo, India y China, están contra el establecimiento de objetivos vinculantes.
Para India, con una población de 1.100 millones de habitantes, los países ricos son históricamente responsables del calentamiento climático y deben financiar los esfuerzos de los países desarrollados.
