Un individuo que estuvo preso en Guantánamo y fue liberado tras afirmar que quería regresar a su país y dedicarse a su familia es ahora uno de los comandantes que encabeza la resistencia del Talibán a la ofensiva que tiene lugar en el sur de Afganistán, según dos altos funcionarios de los servicios de inteligencia afganos.
Se trata de Abdul Qayyum, quien puede llegar a ser pronto el número dos en la jerarquía del Talibán, de acuerdo con los funcionarios, que fueron entrevistados por The Associated Press la semana pasada.
La historia de Abdul Qayyum podría dificultar al presidente Barack Obama el cumplimiento de su promesa de cerrar la base de Guantánamo y enviar a los reos a sus países de origen, a otras naciones dispuestas a aceptarlos, o juzgarlos.
Los servicios de inteligencia de Estados Unidos aseguran que el 20% de los presos de Guantánamo que son liberados se reincorporan a la lucha.
Un importante colaborador de Qayyum es otro ex preso de Guantánamo, según los funcionarios afganos y un ex gobernador de la provincia de Helmand, Sher Mohammed Akundzada. Es Abdul Rauf, quien le dijo a sus interrogadores estadounidenses que tenía pocos vínculos con el Talibán. De Guantánamo fue trasladado a una cárcel afgana y luego liberado.
Pronto se sumó nuevamente a la lucha, aseguran. Akundzada dice que le advirtió a las autoridades que no debían soltarlo.
Igual que Qayyum, Rauf es de Helmand, provincia al sur del país. Durante el gobierno del Talibán, Rauf comandó algunas unidades.
Los funcionarios de inteligencia fueron entrevistados en Helmand, donde el Talibán controla varios distritos, y hablaron a condición de no ser identificados para no sufrir represalias de la guerrilla.
Dijeron que Qayyum se hizo cargo de la campaña militar en el sur hace unos 14 meses, poco después de recuperar la libertad. Dirigía los combates desde Marja, donde las fuerzas de la OTAN tratan de desalojar a los insurgentes.
Se cree que Qayyum, cuyo nombre de guerra es Qayyum Zakir, se encuentra ahora en Quetta, en la frontera con Pakistán. Hace poco un diario paquistaní dijo que había sido detenido, pero la versión fue desmentida por Abdul Razik, ex gobernador de Kajaki, de donde es oriundo Qayyum y que es controlado por el Talibán.
Uno de los funcionarios de inteligencia dudó que haya sido arrestado. Dijo que hubo una redada en una casa en la que se encontraba Qayyum y que fueron arrestados tres colaboradores, pero que Qayyum escapó. Hace una semana se lo vio en Pishin, ciudad fronteriza a 50 kilómetros (30 millas) de Quetta, agregó.
“Es inteligente y despiadado”, aseveró Abdul Razik. “Retirará a sus fuerzas para dar pelea otro día”, acotó, aludiendo a la situación en Marja.
Qayyum tiene unos 36 años y sería allegado al líder espiritual del Talibán, el mulá Mohamad Omar. Es candidato a reemplazar al número dos en la jerarquía del Talibán, mulá Abdul Ghani Baradar, arrestado hace poco en Pakistán.
Qayyum tenía fama de sanguinario y de realizar ejecuciones sumarias cuando fue capturado en el 2001 y trasladado a Guantánamo. Según transcripciones de los interrgatorios, se identificó con el nombre de su padre, Abdula Ghulam Rasoul, y dijo que había sido reclutado por el Talibán pero que se había ido a la primera oportunidad que tuvo.
De acuerdo con las transcripciones, declaró que quería reunirse con su familia y trabajar la tierra. En 2007 fue entregado a Afganistán con otros 12 reos de Guantánamo. En Afganistán permaneció preso en la cárcel de Pul-e-Charkhi jail, en Kabul.
Un año después fue liberado.
El viceministro de justicia Faqir Ahmed Faquiryar dijo que los tribunales decidieron que “ya había pasado suficiente tiempo en la cárcel”.
Según la información recabada por AP, Qayyum dirige sus operaciones desde Quetta. Tendría a su cargo cuatro provincias: Helmand, Kandahar, Uruzgan y Zabul.
Un ex combatiente Talibán, Sharifuddin, dice que “desde Quetta designa los gobernadores y los alcaldes” de las zonas controladas por el Talibán.
“En esas provincias no pasa nada sin su aprobación”, afirmó

En su esfuerzo renovado por apaciguar Afganistán mediante la “realpolitik”, Estados Unidos está ayudando a un antiguo archienemigo a tomar el control de un distrito fronterizo con Pakistán, una estrategia que divide a militares y expertos independientes.
El apoyo al mulá Sadiq como hombre fuerte del distrito de Kamdesh, en la parte oriental de la provincia de Nuristán, entra dentro de un plan más amplio de estabilización del país, que permita partir a las fuerzas internacionales.
Sadiq, que dice que quiere aliarse con el presidente Hamid Karzai en su lucha contra los talibanes, es un ex comandante del grupo Hizb e Islami, responsable durante años de ataques contra la coalición, las tropas afganas e incluso civiles.
Altos mandos militares apuestan por Sadiq diciendo que podría aglutinar a la población de Nuristán detrás de Karzai y convertirse en la vanguardia de un cambio de dirección en la estrategia antitalibán.
Un punto de vista que no comparten algunos responsables del Departamento de Estado, ni expertos independientes, que temen que Sadiq esté buscando una mera alianza temporal con Washington para derrotar a las facciones talibanas locales y luego convertir la zona en su coto privado.
“Sadiq se ha granjeado un amplio apoyo popular enfrentándose a los talibanes”, dice el comandante Russell McCormack, responsable militar del Equipo de Reconstrucción Provincial de Nuristán.
“Es influyente, inteligente y practica la diplomacia y un islam verdadero, en lugar de la forma bárbara que profesan los talibanes”, añade McCormack desde Kalagush, la única base estadounidense en Nuristán.
En un momento en que la coalición se juega su credibilidad en la amplia ofensiva desplegada en Marjah, bastión talibán del sur del país, un experto en la cultura de Nuristán dice que el optimismo en torno a un acuerdo fructífero con Sadiq revela la desesperación creciente en Washington.
“Estamos diciendo que le hemos dado la vuelta a ese hombre, y ahora está ahí intentando convencer a la gente de que abandone a los talibanes y a Al Qaida y apoye al gobierno. Tengo serias dudas sobre este plan”, dice a la AFP por teléfono desde Arizona el profesor estadounidense Richard Strand, que ha visitado Nuristán regularmente desde 1967.
Estados Unidos dio su apoyo a Sadiq, jefe del consejo de Kamdesh, después de perder a ocho soldados en un ataque perpetrado en ese mismo distrito, justo cuando se estaba retirando del centro y el este de Nuristán.
“El ejército está muy contento con Sadiq, y quiere ponerlo a él y sus apoyos del lado del gobierno”, explica un responsable del Departamento de Estado especializado en el este de Afganistán, que pidió el anonimato.
“¿Pero representa (Sadiq) un cambio? ¿O es simplemente un tipo inteligente que se sirve de cualquier alianza para imponerse a sus enemigos, los talibanes locales, y que luego hará lo que le dé la gana?”, se pregunta.
A cambio de su ayuda, Sadiq ha pedido el derecho de nombrar a los jefes de la policía y los administradores locales, según ese responsable.
“El ejército ve al mulá Sadiq como la voz del pueblo, pero en realidad es el señor de guerra local, y si nombra a mandos de la policía y a funcionarios, esa gente tendrá una deuda con él”, añade.
Como parte de la nueva política, el ejército estadounidense no tiene una presencia permanente en el centro y el este de la provincia, sino que está concentrado en las carreteras que acceden a Nuristán desde las ciudades del sur.

Son jóvenes, independientes, profesionistas y musulmanas. Unas llevan algunos años en España, otras han nacido aquí, y todas proceden de países tan variados como Marruecos, Siria, Túnez o Argelia. Son las nuevas generaciones de mujeres musulmanas. Las que luchan por mostrar al mundo que el islam no es una religión que discrimina ni margina ni obliga a las mujeres a ser sumisas al hombre, sino que defiende la igualdad entre los dos sexos y son las leyes de cada país las que en algunos casos discriminan.

No son las únicas musulmanas que viven en este país. También las hay humildes, que no saben leer ni escribir, y que han sido criadas en profundas aldeas de Paquistán o Afganistán. Son emigrantes económicas que viajaron a España para sobrevivir siguiendo a un marido y con un puñado de hijos a cuestas. Por ley no pueden trabajar, así que carecen de independencia económica, lo que les lleva muchas veces a repetir en España los roles del patriarcado.

Unas y otras tienen algo en común: cubren su cabeza con un pañuelo llamado hiyab. Las primeras dicen que no tienen un padre ni un marido que las obligue, que se lo ponen por su religión. Algunas usan incluso pantalones ajustados o minifaldas pero sin mostrar el cabello.

Las segundas ni se plantean salir sin el velo; sería como salir desnudas. Son estrictas practicantes del islam y no sólo llevan el pañuelo sino que, por respeto al varón, a la familia y a la tradición, no tocan a ningún hombre que no sea de su familia. Unas y otras tienen coinciden en algo: están cansadas de sentirse discriminadas y rechazadas. Tras los atentados terroristas a manos de islamistas de Al-Qaeda el 11 de marzo de 2004 en Madrid, muchas pensaron que los ataques a la comunidad musulmana se iban a convertir en algo habitual.

Sin embargo, aunque hubo algunas denuncias en los meses posteriores, no creció la islamofobia. Lo que sí es cierto es que desde 2002 las encuestas muestran un creciente sentimiento de rechazo hacia el más de un millón de musulmanes —la mitad mujeres— que viven en este país y la vinculación entre terrorismo e inmigración también es mayor.

Sirin Adlbi nació en España hace 27 años, aunque sus padres son de origen sirio. Es investigadora en Estudios Árabes, Islámicos y Orientales y experta en feminismo e islam. Dice que lleva el hiyab, al igual que la mayoría de las mujeres musulmanas, por convicción religiosa, no porque alguien la obligue. “Es una muestra de mi amor a Dios y lo llevo exactamente igual que si tú llevaras una cruz colgada”, asegura en entrevista con un diario de circulacion nacional. Adlbi aclara que en el Corán el hiyab es un precepto religioso. “En la aleya (equivalente al versículo en la Biblia) se dice que es obligatorio llevarlo pero no por no llevarlo se deja de ser musulmana”. En este sentido, recuerda que las judías deben llevar el cabello tapado “y algunas incluso se ponen peluca, pero de ellas no se habla tanto en los medios de comunicación como tampoco se les pregunta a las monjas por qué llevan toca”. Sirin reconoce que hay algunos países como Irán en el que es obligatorio llevar shador (una pieza de tela que cubre todo el cuerpo, menos la cara y las manos), aunque aclara que allí las obliga la ley, no el Corán.

Adlbi también se refiere al divorcio y explica que el Corán no lo prohíbe. “Es la presión social que existe en algunos países árabes la que dificulta que se lleve a cabo”. Y si se le pregunta por el sexo, explica que el Corán “bendice una vida sexual plena para los cónyuges sin necesidad de que sea para procrear, como ocurre en otras religiones”. En este sentido y si hablamos del aborto, comenta que se permite “bajo algunos supuestos y hasta los 40 días de embarazo”. Con respecto a la poligamia, regulada en el islam, especifica que el varón sólo puede casarse con 4 mujeres “pero la aleya aclara que el marido debe ser absolutamente equitativo con todas a la vez, y en la propia aleya se dice: “Y no lo podréis ser, de manera que la interpretación que muchos pensadores e intelectuales musulmanes hacen es que es una forma de decir a los hombres que no la practiquen”. En este sentido, la joven añade que aunque “en el islam la poligamia es un derecho, no es una realidad extendida como dicen los medios de comunicación. En cambio, en España no es un derecho, pero sí es un hecho porque muchos hombres la ejercen. Tienen a la amante y a la amiga con derecho a roce…”, bromea.

Al igual que Adlbi, Zoubida Barik Edidi, también es musulmana y también lleva velo. Nacida en Marruecos pero de nacionalidad española, desde el día en que entró a formar parte del Colegio de Abogados de Madrid y hasta hace unas semanas nunca había tenido problemas por ir a los juicios con la cabeza cubierta. Sin embargo, hace unos días el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez le invitó a abandonar la sala por llevarlo. “No puedo entender cómo una persona que se supone ha de tener un mayor conocimiento de las leyes y de la Carta Magna puede hacer eso”, explica. “La actitud del magistrado fue un acto de discriminación”, denuncia

En el contexto de la lucha contra el narcotráfico, en México y Brasil se han dado casos en que fuerzas de seguridad invaden escuelas controladas por las mafias y libran ahí batallas, advierte un informe de la Unesco.

El documento titulado ‘Educación bajo ataque 2010′, preparado por Brendan O’Malley, analista de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), señala el problema.

Algunas escuelas sometidas al control del narcotráfico han sido escenario de enfrentamientos con la policía en el contexto de la guerra contra ese delito, señala, si bien sin ofrecer ejemplos concretos.

Se han dado casos en México y en Brasil donde ‘las fuerzas de seguridad invaden el establecimiento controlado por pandillas de narcotraficantes y libran allí su batalla’.

Sostiene que la ocupación de escuelas se ha dado no sólo en conflictos convencionales, sino también en lugares donde se libra una guerra contra las drogas.

En lo general, a nivel mundial se han dado ataques contra escuelas por grupos armados irregulares y en algunas ocasiones de tropas de los ejércitos regulares.

En concreto, entre enero de 2007 y julio de 2009 se cometieron actos de violencia en por lo menos 32 países, incluyendo Asia Menor, Oriente Medio, Sudamérica, el Caribe, el Lejano Oriente y Africa.

Entre los países que sufrieron ataques en escuelas están Afganistán, Colombia, República Democrática del Congo, Haití, India, Irán, Irak, Nepal, Pakistán, Tailandia, Somalia, Sudán y Zimbabwe.

El estudio aborda también el problema de los niños soldados que, según se estima, alcanzan la cifra de 250 mil en todo el mundo.

El intento de reclutamiento de menores cuando iban a la escuela ocurrió en 18 países

Adds by Google