Inglaterra, emigrantes y economía dividen a la UE

Inglaterra, emigrantes y economía dividen a la UE. Gran Bretaña está pensando en irse. Grecia se siente aislada. Austria y Dinamarca están impulsando medidas polémicas para hacer frente a la llegada de solicitantes de asilo a pesar de lo que piensan sus vecinos.

Las tensiones entre los líderes de la Unión Europea en una cumbre celebrada esta semana ponen de manifiesto la constante falta de confianza ante la posibilidad de que el bloque de 28 naciones pueda proporcionar respuestas a tiempo para los desafíos que enfrenta Europa.

Rara vez la Unión Europea apareció tan fragmentada e impotente como el viernes, cuando sus responsables lidiaron con una posible salida británica e intentaron encontrar una respuesta única a la crisis de refugiados.

“El hecho de que cada política que se discute sea ampliamente refutada está alimentando las dudas sobre si la UE y sus miembros serán capaces de igualar su retórica con acciones concretas cooperando de forma más estrecha”, escribió Janis Emmanouilidis del think-tank European Policy Centre, en un análisis.

Recuperándose todavía de una crisis económica que rivaliza en gravedad con la Gran Depresión, Europa enfrenta ahora su mayor crisis migratoria en más de medio siglo.

La llegada de más de un millón de personas huyendo de guerras o de la pobreza para empezar una vida mejor en la rica Europa, ha sobrepasado a las autoridades fronterizas y su capacidad de recepción. Al mismo tiempo, se avivaron temores infundados sobre la amenaza que suponen para la identidad cultural e incluso religiosa del bloque, sobre la llegada del extremismo o el robo de puestos de trabajo.

Mientras miles de personas se subían a trenes abarrotados o recorrían las autopistas europeas desde Grecia hacia su sueño de vivir más al norte, en Alemania o Suecia, las naciones levantaban vallas o endurecían sus controles fronterizos unilateralmente, aumentando la presión sobre los socios comunitarios.

República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia trabajan juntas impulsando restricciones en sus fronteras, en la principal ruta migratoria que recorre los Balcanes.

E incluso países como Austria y Dinamarca no están en sintonía con el resto del bloque.

Austria sorprendió a sus socios limitando el número de solicitantes de asilo que pueden entrar al país, una iniciativa que según la Comisión Ejecutiva de la UE incumple la legislación comunitaria e internacional. Dinamarca, por su parte, aprobó la incautación de pertenencias a migrantes para ayudar a financiar su alojamiento y manutención.

“El problema es que todos ven la situación desde su punto de vista individual y esperan a que el otro de los primeros pasos para aplicar las soluciones necesarias”, dijo el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, a líderes en Bruselas. “Lamentablemente, la crisis está exponiendo graves fallos dentro de nuestra unión”.

La crisis está afectando a Europa también a nivel psicológico ya que la respuesta a la llegada de refugiados es cada vez menos merecedora de los proclamados valores europeos y de sus posibilidades como un potente y relativamente próspero bloque comercial.

La política migratoria de la UE se está endureciendo siguiendo el ejemplo de Hungría, comandada por el populista Viktor Orban, quien ha levantado vallas con alambre de púas para frenar a los migrantes, dijo el profesor Hendrik Vos, de la Universidad de Gante, en Bélgica.

“El lenguaje puede ser un poco menos agresivo, y hay preocupaciones humanitarias, pero la política va realmente en una dirección: ¿Cómo mantenemos a los refugiados fuera?”, dijo.

El temor a que trabajadores migrantes procedentes de otros países de la UE se aprovechen del sistema de bienestar de Gran Bretaña impulsó en parte la iniciativa de su primer ministro, David Cameron, de convocar un referéndum este verano sobre la permanencia de la nación en el bloque.

El viernes, tras 31 horas de tenso diálogo con sus homólogos, logró un reñido acuerdo para tener una Unión Europea menos invasiva. La cumbre se prolongó mientras Cameron presionaba a sus socios para reformas que incluyen limitar los beneficios a los que pueden acogerse esos trabajadores, asegurar que países como Gran Bretaña – que no forma parte de la moneda única- no tienen que financiar los problemas del euro, además de simplificar la burocracia comunitaria. A cambio se comprometió a hacer campaña para que el país no abandone el barco.

Pero los problemas no se quedan en el futuro de Gran Bretaña o la crisis migratoria.

Los problemas económicos de Italia han hecho que en los últimos meses su primer ministro, Matteo Renzi, sea más agresivo hacia la canciller alemana, Angela Merkel, en lo relativo a economía, migración y política energética.

Aunque es la fuerza que impulsa Europa, Merkel se ha convertido también en sinónimo de medidas de austeridad impuestas a países como Grecia para poder cumplir con los objetivos fiscales y presupuestarios.

Además, se ha cuestionado el futuro dentro del euro de Grecia, gobernada desde hace un año por un ejecutivo de corte comunista.

Polonia también está haciendo oír su voz. Aupado al poder por una ola populista, el nuevo gobierno de derechas de Varsovia se niega a permitir políticas dictadas desde el exterior. Se resiste a la presión de la UE para enmendar las recién aprobadas leyes que restringen a los medios y los cambios sobre su constitución que, según sus socios comunitarios, no son compatibles con la visión del estado de derecho del grupo.

El resultado es que cuanto más se discuta en Europa, peor irán las cosas.

“En un mundo globalizado, hay unidad en las nuevas narrativas. Por lo que es más fácil que partidos populistas critiquen lo que está pasando en Europa”, dijo el viernes Daniela Schwarzer, directora del programa Europa de la German Marshall Fund.

“En Europa hay sociedades con distintos grados de desarrollo”, explicó añadiendo que algunos socios de la UE, especialmente en Europa del Este y los Balcanes, tienen poca experiencia con la inmigración y la influencia de nuevas religiones y culturas.

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