Vicente Leñero, la vida de un grande

Con una serie de actividades, como la conferencia en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el encuentro iberoamericano de dramaturgia de la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara y la filmación de su último guión cinematográfico, se recuerda al escritor mexicano Vicente Leñero.

A un año de su muerte, ocurrida el 3 de diciembre del 2014, el maestro de las letras sigue vigente en el imaginario colectivo, sobre todo de quienes fueron sus alumnos y colegas en las letras y el periodismo; la dramaturgia, la edición y la Academia de la Lengua.

Autor de una decena de novelas, 14 obras de teatro y tres compilaciones de cuentos, Leñero fue merecedor en 2011 de la Medalla Bellas Artes otorgada por el INBA.

Vicente Leñero nació en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 9 de junio de 1933, de acuerdo a sus datos biográficos publicados en el sitio web “escritores.cinemexicano.unam.mx”, mismos que detallan que las ansias por escribir le surgieron desde su infancia.

Su interés en la escritura y una máquina de escribir prestada por su hermano, ayudaron a que Leñero comenzara a obsesionarse en el oficio de dominar las letras mientras era un estudiante de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde comenzó a trabajar en libros breves de poemas, cuentos, ensayos y obras de teatro.

En aquella época, el dramaturgo, en busca de herramientas para la escritura, su verdadera vocación, combinó los estudios de ingeniería con los de periodismo en la escuela Carlos Septién García.

De acuerdo con la página de internet “conaculta.gob.mx” sus primeros éxitos llegaron en 1958, cuando obtuvo los dos primeros lugares en el Concurso Nacional del Cuento Universitario con las obras “La polvareda” y “¿Qué me van a hacer, papá?”.

Gracias a ese evento, Leñero conoció a dos de los jurados; el guionista mexicano Juan Rulfo (1917-1986) y el académico Juan José Arreola (1918-2001), quien lo invitó a su taller de narrativa y, posteriormente, lo impulsó a obtener la beca del Centro Mexicano de Escritores entre 1961 y 1964, donde fungía como su tutor.

En aquellos años de intenso aprendizaje repartió su tiempo entre la colaboración con reportajes para la revista “Señal”, su participación en el Taller Literario de Juan José Arreola y la escritura de cuentos.

“Viví al margen, no encajaba: entre los ingenieros era escritor; entre los periodistas, novelista; y entre los escritores, ingeniero”, le confió a la periodista y escritora Silvia Cherem, en una conversación publicada en la Revista de la Universidad de México.

Después colaboró en “El Heraldo de México” y la revista “Claudia”, de la que posteriormente fue director, entre 1969 y 1972, y “Revista de Revistas”, el suplemento cultural del periódico “Excélsior”, entre 1973 y 1976.

Leñero fue fundador de la revista “Proceso”, de la que se mantuvo como subdirector.

De forma paralela a su labor en las letras, Vicente Leñero se desempeñó como guionista tanto en el sector teatral como en el cinematográfico.

En las artes escénicas, participó en más de una decena de obras, en las que denunció la situación social y política de México: “Pueblo rechazado” (1969), “Los albañiles” (1970), “El juicio” (1971) y “Martirio de Morelos” (1981), son un ejemplo.

Es autor también de narraciones realistas, en las que emplea un lenguaje preciso y coloquial: “A fuerza de palabras” (1977) y “El evangelio de Lucas Gavilán” (1978), señala el sitio web “biografiasyvidas.com”.

En el Séptimo arte, Leñero incursionó como guionista en 18 películas como “Los de abajo” (1978), “Mariana, Mariana”, “El callejón de los milagros” (1995), “La ley de Herodes” (1999), “El crimen del padre Amaro” (2002) y “El atentado” (2010), por citar las más famosas.

El escritor fue merecedor de importantes reconocimientos a lo largo de su trayectoria, como el Premio Biblioteca Breve de la editorial “Seix Barral”, en 1963; la beca “Guggenheim”, en 1967; el premio Xavier Villaurrutia por su antología “La inocencia de este mundo”, en 2001, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México, en el área de Lingüística y Literatura, el mismo año, destaca el portal de internet de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).

El dramaturgo también fue galardonado junto al escritor mexicano José Agustín (1944), con la Medalla Bellas Artes de México que otorga el INBA y fue nombrado miembro de la AML el 11 de marzo de 2010, tomando posesión de la silla XXVIII, un año después.

Para Leñero, la clave de escribir se encontraba en la forma de desarrollar un estilo que, a su pensar, era algo muy difícil de conseguir y consistía en decir bien las cosas.

“El escritor internamente sabe lo que tiene que decir, el problema es cómo lo dice. Debajo de un estilo bien definido hay mucho trabajo, como una construcción arquitectónica. El trabajo del escritor es de mucho empeño, tiene que hacer que las palabras fluyan y no parezca que dio esfuerzo construir la obra”, dijo en alguna ocasión.

Vicente Leñero, constructor de historias, maestro de innumerables generaciones, falleció en la Ciudad de México, la mañana del 3 de diciembre a los 81 años de edad, debido a complicaciones de un enfisema pulmonar.

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