En robótica mundial el IPN ya atemoriza

En conferencia de prensa en el Centro de Educación Continua, Leonel Germán Corona, coordinador del club de mini robótica de la UPIITA y los alumnos Misael Reyes Martínez; así como Daniel Rubén Rojas Rodríguez, estudiante de ESIME Unidad Zacatenco, hablaron de la importancia de ser ejemplo a seguir para las nuevas generaciones.

A fuerza de competir interna y externamente en la rama de robótica, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) es una institución que ya suena y “atemoriza” en el mundo.

Daniel Rubén Rojas Rodríguez, estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Unidad Zacatenco, recordó la primera justa internacional en la que intervinieron: “En España se burlaron de nosotros cuando llegamos a participar; la risa se les quitó cuando les ganamos. Hoy, nadie los menosprecia…

Leonel Germán Corona, coordinador del club de mini robótica de la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIITA), dijo que la clave de éxito en esta rama en el IPN es la competencia sana que existe al interior de la institución.

“Se alienta el deseo de éxito, de superación”. Hoy, esa práctica ha tomado altos vuelos, pero falta más.

México puede competir en el mundo sin ningún obstáculo; hemos demostrado que podemos ser los mejores, pero necesitamos más aulas, porque muchos jóvenes que quieren participar se están quedando fuera”, añadió Germán Corona.

La lista no para ahí: tornos, fresadoras, sensores, reguladoras, microprocesadoras y, por supuesto maquinaria de avanzada para utilizar sus componentes.

No han recibido hasta el momento un reconocimiento ni ningún estímulo económico especial en el país. Tampoco lo pidieron aunque lo merecen.

Pero no lo menosprecian porque en términos de robótica significan piezas, alguna de las cuales no se encuentran en México porque el país no ha desarrollado esa tecnología, y es preciso importarlas.

Pero además, se refieren al futuro, las nuevas justas, la utilización de estos diseños a nivel industrial.

Por esta ocasión, los chicos y sus coordinadores “sortearon” limitaciones y carencias. Ello, porque a pesar de que recibieron el apoyo de su institución tuvieron que pagar de su bolsillo o del de su familia parte de sus necesidades en Viena, Austria, donde fue la competencia, por no hablar del problema del idioma.

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