Brasil prohíbe la ducha

Durante los largos meses de calor pegajoso en el verano de Río de Janeiro Brasil, Viviane Vargas dice que no necesita ni una ni dos duchas diarias, sino tres, para sentirse limpia.

Esta vendedora de tienda de 32 años no está sola: estudios revelan que los brasileños son quienes más se duchan en el mundo, con un promedio de 12 duchas a la semana, lo que hace de esos baños una parte fundamental de la cultura nacional, a la altura del fútbol y el carnaval.

Pero una seguía histórica hace que de muchos grifos del sur de Brasil no salga agua, sobre todo de Sao Paulo Brasil, la ciudad más grande de Sudamérica, donde la población teme que se les pida que no tome tantas duchas. Si bien no sería el problema más grave generado por la sequía, observadores dicen que restringir la ducha podría perjudicar a los políticos.

“Las duchas son parte de nuestra raíz brasileña”, sostuvo Renata Ashcar, coautora del libro publicado en el 2006 “El baño: Historias y rituales”.

“No poder darse una ducha en un país tan caluroso como este, en el que la higiene es tan importante, puede causar una rebelión”, agregó.

El sur de Brasil padece la peor sequía en ocho décadas y sus embalses han llegado a niveles críticos. Los residentes de Sao Paulo sufren cortes de agua desde hace meses y es posible que pronto suceda lo mismo en Río.

Las fuertes lluvias caídas en febrero y principios de marzo ayudaron un poco, pero los embalses todavía están por debajo de los niveles históricos. El de Cantareira, que abastece de agua a unas 9 millones de personas de Sao Paulo, por ejemplo, está en estos momentos al 13% de su capacidad.

En condiciones normales, el agua abunda y es común que la gente limpie las aceras con una manguera en lugar de barrerlas y que dejen correr el agua mientras se cepillan los dientes.

Se han lanzado campañas de información para desalentar esos hábitos, lo mismo que el lavado de autos, e instando a la población a tomar medidas para conservar el agua, como por ejemplo guardar el agua de las duchas y usarla para limpiar inodoros y pisos.

Vargas dice que comenzó a usar agua de la máquina de lavar ropa para regar las plantas. Pero no ha dejado de ducharse tres veces al día.

“Con este calor, no resisto sin ducharme”, explicó.

En verano las temperaturas llegan rutinariamente a los 37 grados centígrados (99 F) en Río de Jaineiro Brasil, que este año ha sido la ciudad más calurosa de Brasil, según el instituto meteorológico Climatempo. La humedad supera a menudo el 80% y genera un clima pegajoso, que hace que la gente se duche en la mañana y antes de acostarse a la noche.

Los brasileños se bañan más que nadie en el mundo, de acuerdo con un estudio publicado el año pasado por Euromonitor, una firma investigadora de mercado de Londres.

“No se ve bien si no te duchas, si no hueles bien”, declaró Sissi Freeman, directora de márketing de Granado, una empresa brasileña de jabones y cosméticos.

Fundada en 1870 en Río, la empresa produce 9 millones de barras de jabón al mes. Freeman dice que la empresa no ha registrado una merma en las ventas, pero que está “muy preocupada” y que ha decidido producir unas toallitas que la gente puede usar para limpiarse en caso de que empiece a racionarse el agua.

Ha habido ya algunas protestas por el tema del agua y el historiador Flavio Elder dice que pueden empeorar.

“Si hay cortes graves, no hay duda de que tendremos un impacto social. Habría un caos social”, pronosticó Edler, que investiga la historia de la medicina y la higiene en la Casa de Oswaldo Cruz, subsidiaria de una de las firmas de investigación de asuntos de salubridad.

“Yo mismo, si un día no me puedo duchar, me siento muy mal todo el día”, señaló.

Brasil

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