Alemania al borde del abismo de la recesión

“¿Qué país tuvo, desde el año 2000, un crecimiento del PIB y de sus salarios inferior al de la zona euro, en donde dos de cada tres asalariados sufrieron una pérdida de ingresos, donde uno de cada cinco niños vive por debajo del nivel de la pobreza y en el que la brecha entre ricos y pobres no dejó de crecer desde los años 1990?‘. Este acertijo está causando furor en Alemania, donde reside su autor, Marcel Fratzscher, el economista de moda en estos momentos, asesor del ministro de Economía germano, Sigmar Gabriel. El problema surge cuando Fratzscher explica a sus distintos interlocutores que ese país es la mismísima Alemania, porque se supone que la imagen que se tiene de la principal economía de la zona euro debería ser diametralmente distinta.

Como ha sostenido varias veces el célebre gurú financiero Warren Buffett, “recién cuando baja la marea se sabe quién estaba nadando desnudo”. Y ahora que el crecimiento económico está faltando a la cita en Alemania, se le empiezan a ver las costuras a su economía. Situación que genera pánico en el resto de la zona euro, porque si Alemania no tira del tren común, va a ser mucho más difícil que llegue pronto la salida de la crisis que atraviesa el continente desde 2010.

Las alarmas comenzaron a sonar la semana pasada, cuando las principales consultoras económicas que asesoran al gobierno de la primera ministra Angela Merkel (Ifo, DIW, IWH y RWI) publicaron sus proyecciones corregidas (hacia abajo) respecto del crecimiento del PIB en 2014 y 2015. El resultado pasó de un 1,9% a un 1,3% para este año, y de un sólido 2% a un mucho menor 1,2% para 2015. Esto se sumó al dato que había puesto los pelos de punta a todos los especialistas, que fue la caída de la actividad (-0,2%) en el segundo trimestre de 2014. Por lo que ya nadie excluye otro dato negativo para el tercer trimestre, lo que implicaría que Alemania entre en recesión.

De repente, como si se tratara del fin del Oktoberfest, todos los analistas comenzaron a ver el vaso alemán medio vacío en lugar de medio lleno, como había sido hasta ahora. Y eso a pesar de que la economía aún conserve indicadores muy sólidos, que son la envidia del resto de la zona euro. Alemania sigue siendo muy competitiva (en 2013 obtuvo un superávit comercial de u$s 250.000 millones), el desempleo es bajísimo (de 5 millones en 2005 se pasó a menos de 3 millones en 2013) y, por primera vez en 46 años, el gobierno de Merkel está por presentar un proyecto de presupuesto equilibrado.

Sin embargo, las cosas no deben estar funcionando demasiado bien para que Merkel haya sugerido, durante la reciente cumbre europea sobre el empleo, que su gobierno “estudia las distintas manera de impulsar la inversión”, en lugar de jactarse de tener las cuentas públicas en orden. Sobre todo porque esto último ha sido el Santo Grial para el resto de sus colegas de la zona euro desde la crisis soberana de 2010, obligados por Alemania a reducir los déficits fiscales, a costa de profundizar la recesión en sus respectivos países. Justamente, este componente fundamental del PIB fue sacrificado en los últimos 20 años para alcanzar el sacrosanto equilibrio fiscal alemán. De una tasa de inversión equivalente al 23% del producto a principios de los años 1990, ésta cayó en Alemania al actual 17%, seis puntos que hoy explican en parte por qué la economía se ha ido desacelerando.

Además, la apuesta a impulsar el crecimiento a través de las exportaciones no está dando resultado como hasta ahora, debido a la caída en la actividad de los mercados emergentes, pero principalmente porque la zona euro (el 40% de las exportaciones alemanas va hacia allí) no logra retomar la senda de crecimiento. Y si no lo hace, también se debe a las medidas de ajuste que ha exigido Alemania al resto de sus socios, a través de la política monetaria del Banco Central Europeo, últimamente bastante más relajado en esta materia. En definitiva, un círculo vicioso que hoy le está pasando factura a la economía alemana y que el resto de la zona euro (con Francia a la cabeza) ha venido alertando desde hace varios años.

“Hoy en día, el crecimiento se ve amenazado y es en esa dirección que hay que mirar porque nos afecta a todos”, sostuvo el presidente francés François Hollande durante la cumbre del empleo. “Si todos aplicamos el ajuste, lo que no es el caso de Francia, vamos a tener una desaceleración mayor del crecimiento. Los países superavitarios, como es el caso de Alemania, tienen que impulsar aún más la demanda”, advirtió. El FMI también se sumó al coro que reclama terminar con el equilibrio fiscal, recomendando “incrementar las inversiones públicas”. De acuerdo con Fratzscher, quien propone que el gobierno alemán se endeude, hace falta invertir unos u$s 100.000 millones cada año para recuperar el retraso en infraestructuras que hoy padece el país con respecto al resto de las economías desarrolladas. Lo que genera un intenso debate, porque buena parte de la población sostiene el objetivo del gobierno de déficit cero. En palabras del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, “las cuentas en equilibrio favorecen mejores condiciones de inversión a nivel nacional y en Europa”. Habrá que ver si eso también ayuda a cerrar la brecha social y de ingresos que hoy padece Alemania con respecto a sus vecinos. Y si, en momentos en que el déficit francés derrapa, el Reino Unido amenaza con abandonar la Unión Europea, España se enfrenta al desafío catalán y el resto no logra arrancar del todo, la desaceleración alemana no termina de pegarle el tiro de gracia al maltrecho euro.

Alemania al borde del abismo de la recesión
Alemania al borde del abismo de la recesión

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