El narcotráfico aceita la economía de muchos en México

Hace unos días escuchaba de boca de periodistas michoacanos que en el Valle de Apatzingán hasta los jornaleros del limón deben pagar cuota a “Los Templarios”. De 120 pesos el jornal, 30 pesos van a “Los Caballeros Templarios“. En Tamaulipas, un estudio reciente estimaba que 50% de la población se vincula en forma directa o indirecta con actividades productivas de la delincuencia organizada y, en una reunión a la que asistí en la ciudad de México, se decía que 70% de los restaurantes del popular barrio La Condesa, pagan derecho de piso al crimen organizado. Más allá de las bases científicas de estos datos, tristemente todos resultan creíbles.

Durante la administración de Felipe Calderón se implementó una estrategia de seguridad que colocaba al crimen organizado como el principal responsable de la inseguridad y la violencia en México. En esa lógica, atrapar a sus capos parecía el meollo de la solución. Hubo golpes a las cabezas y, sin embargo, la situación estructural de violencia e inseguridad en el país no cambió.

El problema puede verse desde otra perspectiva. ¿Es el crimen organizado el origen de la violencia y la inseguridad en México? ¿O es la situación de laxitud, complicidad, negligencia e ineficiencia de Estado y sociedad lo que permitió al crimen organizado / narcotráfico instalarse como modo de vida entre los mexicanos?

Queda sobre la mesa el tema.

El narcotráfico aceita la economía de muchos en México
El narcotráfico aceita la economía de muchos en México

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