De mudanzas, recuerdos y a algo más…

Consejos-para-hacer-una-buena-mudanza

Beatriz González Rubín

Las últimas dos semanas han estado llenas de emociones encontradas, estoy a punto de mudarme de casa y como comprenderán hay que hacer limpieza, empacar y decidir que se queda y que se va.

No ha sido una tarea fácil considerando que es una casa que ha pertenecido a la familia desde que se construyó hace más de 60 años. En ella (si ella, ya que tiene personalidad, recuerdos y vida) vivieron mis abuelos, mis tíos, mis padres y finalmente yo cuando, ya tenía una familia formada. Dejen y me explico: Yo viví ahí de niña, después me case y como corresponde me fui a otro lado con mi recién estrenado marido, cuando ya tenía dos hijos mi madre se quedó sola en la casa, por cierto muy grande, mi esposo, mis hijos y yo tomamos la decisión de regresar a la casa para vivir con mi madre los últimos años que le quedaran.

Ya de regreso en la casa familiar, nació Andrea, mi hija. Las paredes nos albergaron, protegieron y cuidaron durante muchos años. Mis tres hijos, el que era mi marido, mi madre y yo fuimos muy felices. Años después mi madre murió. Mis hijos, crecieron, me separe, y poco a poco mis hijos empezaron a hacer su vida, para finalmente irse a vivir por su cuenta. La casa nos quedó grande a Andrea y a mí y, después de mucho tiempo y trabajo de desapego se tomo la dura decisión de venderla. No fue un proceso rápido, tardo dos años y medio hasta que finalmente llegó la familia indicada para ser feliz en esas paredes llenas de recuerdos y cosas buenas.

Y ahora me encuentro desarmando una historia, guardando en cajas libros, copas, cuadros, fotos y de más recuerdos que han determinado la que soy ahora. Escoger entre que se queda y que se va es un proceso duro y doloroso, a la vez que reconfortante y esperanzador.

Ante mi se abre la expectativa que empezar de nuevo de alguna manera y eso créanme no es fácil ni común a los 50 años.

La casa, las cuatro paredes que conforman el espacio, el jardín el sótano, la azotea, los grandes techos, los ventanales se quedan, pero me llevó las alegrías, los recuerdos, las reuniones con amigos, las fiestas de mis hijos, las desveladas, los pasteles de cumpleaños, las eternas platicas frente a la chimenea y sobre mi cama y de más eventos que viví en esas paredes, se van conmigo. Mi casa me la llevo en el corazón e impregnada en el carácter y en la determinación de ser feliz en ese nuevo espacio que en breve se convertirá en Mi Casa.

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