Quieres hacer reír a Dios

y tu, ¿para que planeas?

Beatriz González Rubín

Lo mejor que uno puede hacer es sorprenderse a sí mismo.
– Steve Martin

Estoy convencida y cada vez más, supongo que es algo que tiene que ver con la edad, que la vida es rara y además de rara es incierta y sorpresiva.

Día con día nos levantamos dispuestos a cumplir con nuestros objetivos, planes y sueños, los que durante años hemos acuñado y acariciado, saboreando en ese momento los futuros triunfos.

Déjenme decirles que eso de planear y futurear (si se me permite la licencia de inventar una palabra), es lindo y común a todos los seres humanos de cualquier edad: voy a ahorrar para________, voy viajar a _______, cuando cumpla X voy a estar en _______, estudiaré X para_______, te acepto a ti hasta que la muerte nos separe; y así, planes y mas planes, sueños y mas sueños que con el tiempo no se cumplen y no sólo eso, se presentan situaciones que cambian nuestra vida radicalmente.

Pero poco a poco la vida se encarga de demostrarnos que nuestros planes no sirven de mucho, y no, no me estoy quejando, simplemente me parece difícil aceptar que lo que planeo rara vez se cumple o se logra como lo esperaba.

Algo en mi interior me dice que lo que sucede es lo que nos conviene, aunque nos cueste aceptarlo, la vida se encarga de sorprendernos y ponernos en los lugares en donde nos podemos realizar o tener éxito, tomando en cuenta que no era los que nosotros habíamos visualizado.

Alguien alguna vez me dijo que los grandes espíritus son aquellos que se parecen a las ramas de bambú que crecen en los márgenes de los ríos, cuando el río crece dobla al bambú pero nunca lo rompe, poco a poco este se levanta y se limpia de toda la basura que se incrusto a su cuerpo.

Todos en distintos momentos de nuestra vida somos doblados e inclusive, más de una vez rotos por las circunstancias que nos afectan, por los eventos menos esperados, tantas veces dolorosos. Pero finalmente, nos levantamos, nos erguimos y volvemos a empezar.

Y no quiero decir que planear, no es bueno, al contrario ser previsores es una gran virtud, pero debemos tener la actitud y disposición de ser flexibles ante los cambios. Nuestros sueños no siempre se cumplen, o por lo menos, no como lo esperábamos, y eso no es malo, finalmente cuando miramos hacia atrás fue lo mejor que nos pudo pasar.

Estamos donde debemos estar, hay que seguir luchando y persiguiendo nuestros sueños, pero siempre con la mirada fija y la seguridad de que si las cosas no suceden como lo esperábamos, no es un fracaso, al contario es un nuevo comienzo que seguramente nos dará grandes satisfacciones.

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