Darren Aronofsky lo volvió a hacer.

Beatriz González Rubín

Hay realizadores que tienen una buena carrera cinematográfica, con éxitos y algunos fracasos, otros, estrenan una película excelente y nunca más volvemos a saber de ellos. El norteamericano de 43 años ha tenido, desde mi visión particular dos de las mejores películas del cine: ??Réquiem por un Sueño? y la multinominada ??El Cisne Negro?.

Su primer largometraje ??Pi, el Orden del Caos? en 1998 tuvo 7 premios y 9 nominaciones, un estudio sobre la existencia que cuestiona severamente al espectador.

Dos años después aparece en la pantalla grande la perturbadora ??Réquiem por un Sueño?, un film devastador que te deja claro que todos los seres humanos podemos volvernos adictos de alguna manera, el final es terrible, no hay salida, no hay escapatoria, la vida cobra a quién juega con ella.

Finalmente Aronofsky presenta a Natalie Portman representando a Nina, una joven bailarina que aspira el papel principal de ??La Reina Cisne?, un personaje sumamente difícil considerando que tiene que jugar un doble rol, el de la gemela buena y la gemela mala.

La película es indescriptible, desde las magnificas actuaciones, hasta el ya conocido montaje del director donde a través de movimientos rápidos y efectos de sonido nos hace sentir que alucinamos. Vuelve a retomar los fade a blancos que te dejan confundido, la cámara que acompaña al personaje (tal parece que el espectador camina un paso atrás de él) que brindando esa sensación de intimidad, te transmite el miedo, la desesperación y los trastornos de Nina en este caso. Si a todo esto le sumamos la música de Tchaikovsky el resultado es una obra de arte magnifica, completa.

Al terminar la película cuando los créditos comienzan a correr la gente no se mueve de la butaca, permanecen sentados tratando de asimilar aunque sea un poco lo que acaban de presenciar, los rostros son de desconcierto, de asombro, de miedo, me atrevería a decir. No había vuelto a ver eso desde ??Requiem por un sueño?.

Aronofsky tiene la capacidad de plasmar los sentimientos humanos más aterradores, la dualidad que existe en todos nosotros que nos negamos a ver. Sus personajes son dominados por el lado oscuro, que emerge poco a poco. Tener la visión y la capacidad de mostrar en imágenes los miedos que intentamos guardar, es un reto.

Muchos espectadores nos identificamos con Nina, a través de ella hay catarsis, en ella respiramos y al salir del cine nos queda la certeza que tal vez, nosotros si tenemos salvación.

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