La gran creación de la inteligencia humana es la ética.

??Yo soy yo y mis circunstancia. Y si no se salva mi circunstancia, no me salvo yo.?

José Ortega y Gasset

Como personas deseamos la autonomía personal, y de hecho la buscamos por todos los medios imaginables, y rara vez la conseguimos y nos preguntamos ¿Por qué no puedo lograr mi autonomía personal? Usualmente se debe a que olvidamos que la autonomía personal sólo puede construirse dentro de un proyecto social.

Esta influencia positiva o negativa de la inteligencia compartida sobre la inteligencia personal se da continuamente en la vida cotidiana. Una pareja que posee inteligencia compartida mantiene lazos de comunicación fluidos y eficaces, resuelve más problemas de los que causa, favorece la instalación adecuada en la realidad, fortalece el ánimo y ayuda a que cada uno de sus miembros consiga sus metas personales.

La unión entonces permite conjugar motivaciones aparentemente opuestas. Cada miembro aspira a su propia felicidad, pero en un contexto que implica la felicidad de la otra persona.

Una de las demostraciones más evidentes de la inteligencia compartida es la capacidad de integrar metas conflictivas.

La capacidad de cada uno para resolver problemas debe verse aumentada por el hecho de pertenecer a ese grupo.

Nuestro proyecto de vida debe incluir, pues, una inteligencia compartida.

Se trata de conseguir que un grupo de personas no extraordinarias produzcan resultados extraordinarios. Esto es lo que le pedimos a la sociedad. Queremos que por el hecho de vivir en ella seamos capaces de alcanzar cosas que serian inalcanzables si estuviéramos solos.

Hay proyectos que sólo pueden emprenderse y conseguirse mancomunadamente. Y hay proyectos personales que sólo puede conseguirse integrándolos en proyectos mancomunados.

La felicidad y la dignidad personal sólo serán posibles dentro de un proyecto mancomunado de sociedad. Es decir, se valora cada vez la iniciativa personal pero dentro de trabajos en equipo.

Por supuesto que trabajar en equipo, con una visión compartida, exige desarrollar destrezas intelectuales y afectivas. Una de ellas es comprender que nos mueve, y que mueve a los demás para así buscar un proyecto común al cual dedicarnos.

Los seres humanos actuamos fundamentalmente por tres motivos. Hay motivaciones extrínsecas a la acción: por ejemplo, ganar dinero. Hay motivaciones intrínsecas: disfrutar con la actividad, sentirse útil y eficiente, ser reconocido por el grupo, aumentar el propio poder. Hay, por último, una motivación trascendente: colaborar al mejoramiento de la sociedad, encuadrarse en grandes proyectos éticos.

Es probable que algunos de ustedes lean esto último con una sonrisa escéptica.

Sin embargo, las empresas inteligentes saben que funcionan mejor si consiguen unificar tres finalidades: crear valor para los propietarios. Crear valor para los empleados. Crear valor para la sociedad. Si quieres tener éxito debes comprender que estas tres metas son interactivas y no excluyentes como se les venía concibiendo hasta ahora.

No, no me he convertido a las carmelitas descalzas ni mucho menos. Solo he descubierto que para conseguir sus propios fines, la inteligencia personal se ve obligada a colaborar con los fines de otros.

Es a partir de esta inteligencia compartida que llego al tema que me inquieta en este momento. La aparición del gran proyecto de la inteligencia. ?l que va a dar valor a todo lo demás. Estoy partiendo del concepto de inteligencia como aquella capacidad de inventar proyectos y de resolver los problemas que su realización plantea.

Los problemas más importantes para el ser humano se refieren al logro de la propia felicidad y de una convivencia digna.

Como ya dije, las metas privadas solo pueden alcanzarse dentro de unas grandes metas mancomunadas. La inteligencia capaz de acercase a la felicidad sólo puede desarrollarse y ejercerse en una sociedad también inteligente.

La gran creación de la inteligencia humana es la ética. Entendiendo a esta como un brillante conjunto de soluciones y posibilidades. Es un proyecto de humanidad inteligente.

La más elemental formulación de este proyecto seria: Todo ser humano considera bueno tener derechos.

Tal vez me equivoque, pero veo, que los fracasos de las morales proceden de dos afirmaciones erróneas, aunque bienintencionadas.

La primera sostiene que el concepto moral fundamental es el deber y no el derecho. La segunda defiende que el que se nace con derechos como se nace con riñones, hígado o pulmones. Ninguna es verdadera, y como los errores nos pasan la factura tarde o temprano, ahora estamos pagando esos errores.

Definiré derecho como un poder simbólico que nos permite alcanzar cosas que no podríamos conseguir con nuestras propias fuerzas. Amplia nuestro campo de acción, nuestras posibilidades.

Cuando digo que tengo derecho de propiedad sobre mi casa, quiero decir que voy a poderla mantener aunque mi vecino la codicie y sea más fuerte que yo.

Es, la inteligencia transmutando a la naturaleza, creamos un poder simbólico que se opone a un poder físico.

El marido que golpea a su mujer está ejerciendo su poder físico. La mujer, si presenta una denuncia legal, está ejerciendo un poder simbólico, aunque eficiente.
Su derecho le permite exigir ayuda.

Esta en nuestra naturaleza sobrepasar los límites de esta misma naturaleza. Por eso nuestros derechos no son naturales. Son extra-naturales.

En la noción de derecho se articula la inteligencia personal y la inteligencia social, los intereses privados y los intereses de la colectividad.

¿De dónde proviene la fuerza que vaya a conceder eficacia a los derechos?
Solo puede provenir del reconocimiento activo de la comunidad. Por ello, el mundo del Derecho no consagra el egoísmo, sino la solidaridad.

Los derechos son unos de estos fines comunes que no podríamos alcanzar por nuestra cuenta, porque se basan en una reciprocidad universal.

Su eficacia hace que nos olvidemos que esta estructura no se mantiene sola. Nadie está amparado por los derechos si esta fuera de la órbita de los derechos.
En el mundo civilizado sucede así, el criminal está protegido por el mismo derecho que ha transgredido, no es porque nadie se lo deba, sino por la generosidad de los que permanecen en la órbita ética. Son ellos quienes están dispuestos a afirmar la dignidad de todos los miembros de la especie humana, aunque resulten perjudicados al hacerlo, porque creen en la grandeza y necesidad del proyecto.

Le concedemos derechos, porque estamos empeñados en mantenernos en este mundo nuevo que pretendemos construir lejos de la selva.

Estamos creando un modo nuevo de vivir, Una especie nueva. La gran innovación en el universo. El esfuerzo por construir la dignidad humana es lo más hermoso, noble y útil que hemos inventado. Nuestra más clara posibilidad de ser felices.

Escrito por Julio César Álvarez del Castillo González www.comunicacionalterna.com.mx www.capacitacion.emogenica.com

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