Explotacón infantil. Por Priscila Montano Torres

Todas las personas tenemos derecho a gozar de una infancia alegre y sana, sin embargo, en la actualidad muchos niños no cuentan con esta posibilidad. Debido a la pobreza que existe en varios países, según la OIT, se estima que alrededor de 400 millones de infantes, entre 5 y 14 años, sufren de explotación laboral en todo el mundo, pues se ven en la necesidad de trabajar para poder sobrevivir.

Dichos niños trabajan largas jornadas a un salario mínimo y mucho menor que el de un adulto. Por esta razón las empresas prefieren contratar a niños, ya que los costos de producción se ven disminuidos. Sin embargo la falta de ética es evidente en estas organizaciones, ya que no buscan el bienestar social, sino el bien propio, el cual es incrementar sus ganancias y reducir costos, sin importarles las consecuencias secundarias ni las personas afectadas por dichas acciones.

Los sectores en donde existe un mayor número de niños explotados son en el agrícola, servicio doméstico, minería, pesca, construcción, pirotecnia, carbón vegetal, cerámica, material deportivo y calzado, entre otros. Muchos de estos trabajos ponen en riesgo la vida de los niños, ya que son labores altamente peligrosos. Sin embargo, la pobreza en la que viven estos infantes, los obliga a participar en dichas actividades a costa de su vida y salud.

Está comprobado que el trabajo infantil afecta y genera una gran cantidad de desventajas en los niños, ya que las largas jornadas laborales les limitan el acceso a la educación, los agota físicamente e intelectualmente y les impide jugar y gozar de su infancia. Dichas razones repercuten altamente en su salud, dignidad humana y autoestima. Por otro lado, el trabajo infantil provoca graves efectos socioeconómicos, como el aumento del desempleo en la población activa, pues estos menores ocupan el puesto de trabajo de la población adulta.

La relación entre los niños y la fuerza de trabajo lleva consigo una alta tasa de mortalidad, incentiva una mayor natalidad y alimenta la pobreza. Por otro lado, las naciones heredan una nueva generación de trabajadores con bajos ingresos, sin especialización, analfabetos, tal vez enfermos o inválidos. Por lo que es fácil darnos cuenta que la explotación infantil no es una actividad viable que beneficie la economía de los países, sino al contrario, en vez de conseguir reducir la pobreza la agrava.

Las organizaciones deben tener y seguir un código de ética que guie y oriente su conducta, para evitar que situaciones como estas sigan incrementando, pues las repercusiones que tiene el contratar a niños menores de edad en nuestra sociedad son muy graves. Hay que recodar la filosofía de la ??persona prudente?, la cual dice que es prudente aquel que no sólo piensa en los resultados del momento sino en los del futuro. El permitir contratar a infantes para reducir costos de producción en una empresa, a la alarga nos afectará a todos, pues dichos niños crecerán sin una educación, con muy baja autoestima y tendrán un envejecimiento precoz.

Es necesaria la movilización para promover nuevas actitudes sociales orientadas a presionar a los gobiernos para cumplir con los derechos y las leyes que regulan el trabajo infantil. La presión comunitaria debería ser utilizada para provocar la defensa de los derechos y el respeto de las leyes de protección de los niños. Debemos de tomar conciencia y velar por el bienestar de los niños que sufren dicha explotación, ya que ellos son el futuro de nuestra sociedad, y si no les permitimos una adecuada educación y desarrollo, las repercusiones que habrá en nuestra sociedad se harán notar en poco tiempo.

bibliografía:

http://www.ilo.org/global/What_we_do/Statistics/lang–es/index.htm

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