Dossier Wikileaks: Expediente Iran

Pero otro despacho nos transporta a la embajada de Estados Unidos en Teherán donde un funcionario informa de la creciente tensión con la población local, cuatro meses después que el referéndum del 1 de abril de 1979 aprobó la fundación de la República Islámica.

“Las dificultades que hemos encontrado son un reflejo parcial de los efectos de la Revolución iraní, aunque creemos que son las cualidades culturales y sicológicas subyacentes (de los iraníes) las que las explican”, dice un despacho enviado a Washington el 13 de agosto de 1979.

Para entonces han pasado ocho meses desde que el derrocado Sha Mohammad Reza Pahlevi comenzó su angustioso periplo en busca de un nuevo hogar a través de Marruecos, Islas Bahamas, Cuernavaca, México; Estados Unidos, Panamá y Egipto, y la operación de la embajada se complica cada día más.

El autor de la misiva explica que hay que negociar prácticamente todo, explicar prácticamente todo, a una población que no entiende los usos y costumbres de occidente.

“A un iraní le resulta incomprensible que la ley de inmigración de EU pueda prohibir su visa de turista después él ha anunciado que quiere vivir en California. De igual modo, el banco central de Irán no ve ninguna inconsistencia cuando argumenta que las causas de fuerza mayor lo pueden librar de las sanciones que genera el pago tardío de los intereses sobre sus deudas”, explica.

Pero la frustración del autor del despacho empieza a hacerse patente cuando explica que el rasgo dominante de la sicología persa es “un apabullante egoísmo” que florece en un ambiente hostil que, según los iraníes, está dominado por “fuerzas malignas” frente a las que debe mantenerse en estado de alerta constante.

En ese momento, el personal diplomático de Estados Unidos, no podía adivinar que estaba a tres meses de convertirse en rehén de los estudiantes que los mantuvieron cautivos durante 444 días.

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