Lula quiere un acuerdo Brasil – México

El principal asesor en temas internacionales del presidente Lula da Silva consideró que es el momento de concretar un eje entre Brasil y México.

Tras el triunfo a la Presidencia de la República de Dilma Rousseff ??heredera política de Lula?? , el asesor Marco Aurélio Garcia consideró que “en años pasados, la política externa de México se olvidó un poco del sur, y creo que el presidente Calderón ha dicho que quiere voltear al sur. Yo espero demostraciones concretas de eso. Hay que aprovechar, somos los dos grandes países de América, y junto con naciones como Argentina, Colombia y Venezuela podemos formar un eje muy dinámico para la región”.

Garcia explicó que tanto México como su país están construyendo buenos vínculos económicos, “pero debiéramos pensar en tener una relación que tocara también cuestiones políticas”.

Marco Aurélio Garcia es el principal asesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para asuntos internacionales.

Poco antes del primer discurso que pronunció la Presidenta electa, Dilma Rousseff, el domingo por la noche, Garcia conversó con Excélsior. Habló del significado de la victoria de la candidata del PT para el futuro de las relaciones entre Brasil y el resto de América Latina.

Esta es la conversación:

??¿Qué se puede prever con este triunfo?

??Significa la reafirmación de la política exterior que el presidente Lula pudo desarrollar en este periodo y que estaba amenazada si el adversario ganaba. Porque él (José Serra) lo hizo, al bajar la expectativa en relación con el Mercosur, al emitir críticas muy fuertes a varios países de la región y, sobre todo, al hablar de privilegiar las relaciones con los grandes países. Nosotros vamos a mantener una buena relación con Estados Unidos, ya la tenemos, igual que con Europa, pero nuestra prioridad es el sur, y entendiendo por sur, América del Sur y América Latina.

?? ¿Qué podría hacerse en cuanto a la relación entre Brasil y México a fin de que fuera más fluida?

??La relación con México ha estado mejorando mucho en los últimos años. Veo que, en función del muy buen diálogo que se estableció entre el presidente Calderón y el presidente Lula, hay un acuerdo comercial y económico que está gestándose en este momento. Creo que eso puede ayudar mucho, pero creo que los dos debiéramos pensar en tener una relación que tocara también cuestiones de naturaleza política.

??Desgraciadamente, en años pasados, la política externa de México se olvidó un poco del sur y miró casi exclusivamente al norte, y creo que el presidente Calderón ha dicho que quiere mirar al sur, y yo espero demostraciones concretas de eso. Creo que hay que aprovechar: somos los dos grandes países de América Latina, y junto con países como Argentina, Colombia y Venezuela, podemos formar un eje muy dinámico para la región.?

??¿Qué esperaría de diferente en los próximos cuatro años en cuanto a la estrategia brasileña hacia América Latina?

??Yo diría que formalizar más las instituciones. Nosotros avanzamos mucho en un empuje global, pero hay que darle un contenido más organizativo a la Unasur, al Mercosur y a la CALC (la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo). Es muy positivo que México se haya comprometido con la CALC, pero hay que crear instituciones, pues sin instituciones eso no marcha. Es decir, no bastan ideas generales, hay que adoptar iniciativas concretas para encauzar orgánicamente la integración.

Resuelto el tema de la sucesión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva -en la que él mismo ha tenido mucho que ver, al impulsar como lo hizo la candidatura de Dilma Rousseff-, ahora la pregunta en Brasil es qué hará este inquieto político cuando fenezca el segundo de sus dos períodos en el Palacio de Planalto, el próximo 31 de diciembre.

Lo que queda claro a todo mundo aquí es que Lula, de 65 años de edad, no está listo para el retiro. Nadie espera que se ponga la pijama y se quede tranquilamente en su casa de San Bernardo do Campo, una población al sur de esta ciudad donde el hoy Presidente comenzó su lucha sindical y su actividad política en tiempos de la dictadura.

Cuando en otros países la urgencia es que el mandatario saliente acabe de irse para que el entrante se instale en los salones del poder, los brasileños que simpatizan con Lula -80 por ciento de ellos, se podría decir- comienzan a vivir su partida a manera de duelo.

Como regalo de despedida, 56 por ciento de los electores dio el triunfo el domingo a la candidata con la que él se empeñó. La de Rousseff fue una candidatura dura de digerir entre los dirigentes y la base del Partido de los Trabajadores. Se le veía como una imposición de Lula, y además huraña y débil de salud, pues tuvo que sobreponerse a un cáncer linfático.

Sin embargo, Lula insistió en que ella sería a quien le entregaría el poder, el 1 de enero de 2011. Y más que eso, su legado.

El apoyo de Lula a la candidatura de Rousseff no fue uno que ocurrió tras bambalinas, fue absolutamente abierto. Y a reserva de que la nueva Presidenta comience a mostrar sus propias cualidades, aquí nadie niega que deberá su llegada al Planalto a la promoción que Lula hizo de ella.

Tan es así que la cabeza principal de este lunes del diario O Estado de Sao Paulo fue “A vitória de Lula” y el analista Luiz Carlos Azedo escribió en el Correio Braziliense que “quien ganó la elección fue el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (cuyo) prestigio fue transferido masivamente a la petista, quien nunca antes había disputado una elección”.

La caricatura del diario Folha de Sao Paulo imagina que en el acto de transmisión del poder, Lula no se quitará la banda presidencial sino tratará de estirarla para que alcance a rodearlos a él y a Rousseff.

Pero ¿qué hacer con Lula? Especialmente cuando él mismo ha dicho públicamente que, si por él fuera, no se iría de la Presidencia.

“Con toda sinceridad, preferiría que este día no hubiera llegado”, comentó a los invitados a su cumpleaños, el pasado 27 de octubre, consciente de que sería el último que celebraría en el Planalto.

Antes, en agosto, al promulgar la ley que creaba el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, bromeó con su ministro de Defensa, Nelson Jobim: “Usted hubiera podido mandarme, junto con esa enmienda, otra pequeñita, para tener unos años más de mandato”.

Lo cierto es que Lula pudo haber forzado las cosas y pasar por el Congreso una iniciativa para reelegirse una segunda vez, pero optó por dejar en solamente dos los periodos presidenciales sucesivos.

Aun así, queda la pregunta de si Lula está pensando en volver a contender por la Presidencia en 2014, cuando termine el lapso para el que fue elegida Dilma Rousseff. El domingo, después de votar en su casilla de San Bernardo do Campo, la respondió de manera críptica: “No sé si estaré vivo para entonces”.

Eso sí, Lula ha dicho que no desaparecerá de la política después de que le coloque la banda presidencial a Rousseff, la primera mujer que ocupe el cargo en Brasil. “No tengo cómo hacerlo”, comentó hace poco, como si fuera irremediable su condición de activista. “Mi relación con la sociedad no puede desaparecer de un momento a otro”.

Sin embargo, la indefinición del futuro de Lula no tiene tanto que ver con que no sepa qué hacer sino que no ha encontrado el espacio que le gustaría. La revista brasileña Veja publicó esta semana que el Presidente ha cabildeado con diversos personajes de la ONU, incluido el secretario general Ban Ki-moon, la posibilidad de hacerse cargo de la FAO o el Acnur, los organismos de Naciones Unidas especializados en alimentación y refugiados, respectivamente, pero que, hasta ahora, no ha conseguido apoyo suficiente para lograrlo.

El problema es que Lula es como un buque de un tamaño tan grande que hay que encontrar una corriente suficientemente profunda a fin de que no encalle y pueda navegar.

Observar qué han hecho otros ex presidentes brasileños después de dejar el poder quizá no sirva de mucho, porque si bien José Sarney, Fernando Collor de Melo e Itamar Franco han optado por buscar gubernaturas y senadurías, el también ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, contrincante principal de Lula en la política de Brasil, jamás ha vuelto a postularse a cargo alguno y actualmente dirige una fundación.

De acuerdo con el reportaje de Veja, ese último es el futuro más probable para Lula: echar a andar una fundación que promueva las políticas que puso en práctica para luchar contra el hambre y sacar de la miseria a varios millones de brasileños.

A decir de la revista, la fundación tendrá su sede en Sao Paulo, con vista al bellísimo Parque Ibirapuera. Ahí seguramente contará con la participación de varios de sus actuales colaboradores.

La pregunta que se plantean muchos brasileños es ¿qué será suficiente para mantener ocupado a Lula?

Y de ahí que muchos especulen que el ex presidente pueda convertirse en la sombra del gobierno de Rousseff.

Cuentan que cuando la dictadura militar brasileña (1964-1985) abrió una rendija para que un civil ocupara la Presidencia elegido de manera indirecta, en el gabinete del presidente José Sarney se escuchaba a menudo la recomendación de “llamar a Pires”, es decir, al general Leônidas Pires Gonçalves -ministro del Ejército y representante de los intereses de los militares en el gobierno civil- cada vez que había una crisis.

Cuentan también que Sarney siempre se resistió a llamar a Pires y que eso, justamente, deberá aprender a hacer Dilma Rousseff-no llamar a Lula cada vez que hay problemas- si ha de consolidar su propio gobierno.

En público, Rousseff y Lula han optado por la delicadeza cuando se han visto obligados a tocar el tema. ?ltimamente Rousseff ha dicho que “nadie me separará del presidente Lula” y éste ha opinado que “quien gana las elecciones es quien gobierna”, aunque ha aceptado que él y la “companheira Dilma” conversarán a menudo sobre muchas cosas.

Aun así, los brasileños esperarán la integración del gabinete de Rousseff para ver qué tanta influencia tienen Lula o el lulismo en el nuevo gobierno. Buscarán señales para saber si será del tipo que ejerció el recientemente fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner sobre su esposa o algo más sutil, como el apoyo verbal que en ocasiones ofrece el ex presidente español Felipe González, quien en momentos clave emplea la retórica para aplacar a los rivales de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, seguramente habrá temas, como la actual guerra cambiaria que sacude la economía mundial, en los que ni siquiera el gigante Lula, con todo su carisma, podrá ayudar a su sucesora

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