No es olvidado Henri Rousseau

La obra del pintor francés Henri Rousseau, de quien se cumple hoy el centenario de su deceso, está más en boga que nunca debido, principalmente, a que desde hace cuatro años reputados historiadores del arte han comisariado retrospectivas y escrito catálogos para pinacotecas claves de Europa y EU.

Con ello, han revalorizado la categoría de un artista cuyos cuadros están repartidos en las colecciones permanentes de museos de todo el mundo.

Esa diversificación conlleva que los montajes de las retrospectivas “Henri Rousseau” , hasta septiembre en el Museo Guggenheim de Bilbao, y “Henri Rousseau. Jungles in Paris” , en la Tate Modern (Londres) en 2006, sean arduos y costosos.

La vida de Rousseau es un misterio pero se sabe que se ganó la vida como aduanero en París hasta que a los 41 años, según Cornelia Stabenow, historiadora y autora de “Henri Rousseau” (Taschen) , decidió ser artista y se le conoció con el sobrenombre del “Aduanero” .

Anteriormente, Rousseau (1844-1910) había sido un “pintor de domingo” , es decir, que pintaba en sus ratos libres de manera autodidacta y “tuvo el coraje de zambullirse de lleno en el arte” , indicó en entrevista con Efe Philippe Büttner, comisario de la Fundación Beyeler.

Büttner, que ha organizado la muestra que alberga en la actualidad el Museo Guggenheim de Bilbao, afirmó que “Henri Rousseau es una de los factores claves del arte moderno y el único que no procede del entorno pictórico de corte académico” .

Por ello, su obra resulta “fascinante” en opinión de la historiadora del arte española Estrella de Diego, quien recalcó que fue “un pintor que terminó con la perspectiva” y “llevó a cabo lo que está intentado (los artistas de) las vanguardias” .

“Siempre, Rousseau fue considerado un pintor naíf y con hechizo, pero recientemente los eruditos han visto en él un enfoque muy sofisticado” , relató a Efe Susan Davidson, responsable de exposiciones del Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York y también del comisariado de la muestra “Henri Rousseau” en Bilbao.

Al principio pintó paisajes y escenas costumbristas de París y retratos en tablas de pequeño formato hasta que creó sus “pinturas de selva” sin visitar una selva en su vida, tan sólo tomando notas de jardines botánicos y parques zoológicos de París e imágenes en revistas, comentaron los comisarios de la exposición.

“La jungla -afirmó Büttner es lo extraño” para Rousseau, quien fue “admirado por los artistas de las vanguardias porque abanderaban la vuelta a los orígenes de la Humanidad, a ser niño, es decir, de mirar el mundo y abordar la obra de manera primeriza, comentó la crítica de arte Estrella de Diego.

A principios del siglo XX, el artista tenía que acometer el ” desaprendizaje ” y -como comentó De Diego- ” volver a ser un niño ” con ” la idea de no saber de pintura “.

Y Rousseau logró ser un ” buen salvaje “, es decir, un artista que sufría el arrebato de la inspiración y también ser ” un personaje que la vanguardia moderna tenía muy en cuenta ” entre los escritores como Guillaume Apollinaire, que fue su ” descubridor “, y Alfred Jarry, que se quedó ” fascinado ” con él, comentó la ensayista española.

En ese ambiente parisino de cafés literarios en el que Rousseau se movió, las leyendas sobre su vida son ” historias para no dormir ” como la que afirmaba que ” pintaba con los pies y los ojos cerrados “, recordó De Diego.

Pero Rousseau fue olvidado ” después de 1930 “, a pesar de su influencia en el cubismo y el surrealismo, por lo que hoy, que se cumplen cien años de su muerte, la comisaria del Guggenheim neoyorquino confesó sentirse ” orgullosa ” de ” restablecer” la importancia de su obra en la escena actual.

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