AGORA por Carin

Se dice que la historia del pensamiento occidental tiene sus orígenes en la reflexión de los primeros filósofos griegos. En este sentido las ideas primigenias del filósofo y matemático jónico Tales de Mileto dan muestra del espíritu de cambio y de meditación diversa a la de sus antepasados. Es iniciador y, con todo merito, es llamado el padre de la filosofía griega.

Sin embargo no debemos soslayar la presencia e influencia que ejercieron dos escritores anteriores a Tales: Homero y Hesíodo. El primero, rapsoda, canta los legendarios sucesos de la guerra de Troya, así como el largo retorno del personaje que ideo el fatal Caballo del mismo nombre. Por su parte, Hesíodo completa el cuadro que da forma a los fundamentos seculares que serán base, directa o indirecta, para el pensamiento ulterior.

¿Cómo entender lo anterior? La obra homérica delinea un mundo armónico y perfecto gobernado por dioses que participan directamente en el desarrollo de la historia humana. Homero confronta a dioses con hombres y a éstos con semidioses. La virtud básica es evidente: el heroísmo. Hesíodo, por su parte, delinea todo un esquema en relación con la justicia y construye una Teogonía que anuncia, en el principio de todas las cosas, la noción del ??caos?.

El heroísmo homérico y el mundo delineado en sus poemas, así como la justicia hesíodica y sus reflexiones en torno al caos y los dioses, sirven como base para el pensamiento abstracto de los siglos posteriores. Y es que si bien estas ideas no son en sí mismas el fundamento estricto para el análisis de los primeros filósofos, si surge a partir de ellas un pensamiento nuevo, renovado, diferente al de los ??antepasados?.

Las filosofías que se desarrollarán en los periodos cosmológico, antropológico y sistemático, serán un esquema diferente y hasta opuesto al ??perfeccionismo y determinismo? del pasado, y generarán la nota esencial de la filosofía toda, esto es, la razón y el nuevo pensamiento abstracto y su consecuencia: una nueva estructura de preguntas y respuestas en torno al hombre, al mundo y al lugar y sentido de este hombre en este mundo.

Esto último es fundamental en la actual disciplina filosófica, la que sostiene que son más importantes los problemas y las preguntas, que las respuestas que se deduzcan o infieran.

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