Urge trabajen en Mexico los legisladores

Si alguna cr√≠tica puede hac√©rsele a los congresos mexicanos, en la Uni√≥n y en los estados, es su baja capacidad de parlamentar, su falta de calidad en sus tareas. Se debe en parte a que no existen reglas que los hagan responsables, ante el p√ļblico, de hacer lo fundamental y s√≥lo despu√©s dedicarse a lo secundario. Lo primero es atender la estructura jur√≠dica del pa√≠s. Son el Poder Legislativo (muchos no se han enterado). El principal cometido de ese poder es emitir, transformar o innovar el marco legislativo de la Federaci√≥n o de los estados con sentido de Estado, es decir, con sentido de responsabilidad ante la sociedad como miembros que son de la clase dirigente. Dan prelaci√≥n a lo secundario: intereses de facci√≥n pol√≠tica o grupo de inter√©s. Basta observar a la telebancada o a los antiabortistas prianistas en las legislaturas locales para darse cuenta de la obscenidad en que se puede caer.

En el pr√≥ximo periodo de sesiones el Congreso de la Uni√≥n tiene la oportunidad y la responsabilidad de parlamentar sobre la primera iniciativa de reforma pol√≠tica de gran calado y visi√≥n de largo plazo que se ha presentado a los recintos legislativos desde que se produjo la alternancia de partidos en la Presidencia de la Rep√ļblica. El gobierno del presidente Fox se arredr√≥ frente al reto de la reforma del Estado. Las consecuencias est√°n a la vista: deterioro progresivo de la pol√≠tica, desprestigio de la democracia y disminuci√≥n de la capacidad para mantener la gobernabilidad.

El presidente Felipe ha tenido el valor de retomar la iniciativa para la reforma del Estado en medio de una situación muy difícil: narcoviolencia limítrofe, crisis económica profunda, minoría de su partido en diputados y mayoría sólo relativa en senadores. Los 10 puntos que contiene su propuesta pueden resultar para algunos incompletos, para otros excesivos y para otros más indiferentes o nocivos. Pero no puede regatearse que es una iniciativa de gran alcance.

Algunos factota de la clase pol√≠tica ya se han pronunciado, lanzando consigna para neutralizar la iniciativa. Contin√ļan sustituyendo el debate parlamentario de altura por el chantaje pol√≠tico encaminado a ganar ventaja ‚??a la mala‚?Ě hacia los pr√≥ximos comicios. El sistema pol√≠tico lo permite, ni modo, se vale aunque no nos guste. Lo parad√≥jico es que si la iniciativa llega a comisiones y al pleno del Congreso, como debiera ocurrir, habr√° que vigilar con cuidado la conducta de los legisladores de todos los partidos. Deberemos distinguir los argumentos de los pretextos, la inteligencia de la negligencia fundada en las ‚??historias‚?Ě que se quieren perpetuar, el peso muerto del pasado de la capacidad de avizorar el futuro para un M√©xico bien situado en el siglo XXI.

Las propuestas del Presidente contribuir√≠an a desmontar vicios del sistema pol√≠tico. Devolver a las legislaturas estatales el poder en materia de reelecci√≥n consecutiva de alcaldes y legisladores introducir√≠a un nuevo balance de poder entre √≥rdenes de gobierno y acotar√≠a el poder desmesurado de los gobernadores. La elecci√≥n consecutiva de diputados y senadores de la Uni√≥n aumentar√≠a el poder de los ciudadanos, pues los que quieran ser reelectos tendr√°n que rendirnos cuentas en sus campa√Īas y en su ejercicio. El l√≠mite autoimpuesto: 12 a√Īos. Es un l√≠mite artificial que solamente se entiende como concesi√≥n a la pusilanimidad de los que reivindican la historia de la no reelecci√≥n como medalla de la Revoluci√≥n. Pero es mejor que nada.

El derecho a iniciativa ciudadana de ley tambi√©n ampliar√≠a la capacidad de la sociedad para organizarse en torno a intereses no recogidos por la clase pol√≠tica y acercar√≠a a la ciudadan√≠a al principio de legalidad como herramienta de cambio y mejor√≠a y no como obst√°culo a vencer. Las candidaturas independientes ser√≠an tambi√©n un factor de empoderamiento ciudadano frente a los partidos que hoy tienen su monopolio. Bien reglamentadas pueden representar un arma para defendernos del mal desempe√Īo de los partidos y los caprichos de sus l√≠deres.

La segunda vuelta, en la que tanto hemos insistido, daría legitimidad incontestable al mandato presidencial. No es lo mismo ganar por 36% que ganar por más de la mitad de los votos emitidos. Con ella se desvanecería el reclamo complotista que embarga a muchas almas en pena.

La iniciativa preferente y la facultad del Ejecutivo de hacer observaciones a leyes y al presupuesto harían menos intransitable la relación con el Congreso y obligaría a que éste se conduzca con la responsabilidad de la que hasta ahora no ha hecho gala.

En la próxima entrega referiré mis observaciones a dos iniciativas: la expansión del principio de mayoría sobre el de proporcionalidad en el Congreso y la elevación del porcentaje de votos para la conservación del registro de los partidos.

En cualquier caso ahora sí, parlamentarios, a ver si ejercen su oficio

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