Economia hondurea, en franca caida

La economía de Honduras, golpeada ya por la crisis mundial, se hundirá aún más tras el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, que motivó el congelamiento de programas de ayuda al tercer país más pobre de América Latina y cuya subsistencia está asegurada sólo por un semestre más, según analistas.
Honduras es altamente dependiente del financiamiento externo, responsable de cerca de la tercera parte de su Presupuesto Nacional, pero tras el golpe de Estado del 28 de junio el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunciaron que congelaron sus desembolsos.
Según las autoridades del gobierno de facto, encabezado por Roberto Micheletti, la medida compromete unos 200 millones de dólares.
Venezuela -cuyo gobernante Hugo Chávez es un férreo aliado de Zelaya-, paralizó también la entrega a precios subsidiados de unos 200.000 barriles diarios de petróleo.
“La suspensión de la ayuda internacional es gravísima, porque cerca de una tercera parte del Presupuesto Nacional -unos 1.500 millones de dólares- dependen de la ayuda bilateral y multilateral”, dijo a la AFP el economista Nelson Avila, ex asesor del presidente Zelaya.
El congelamiento de la ayuda internacional ensombreció aún más el futuro de la economía hondureña, afectada ya por una fuerte caída de sus exportaciones y la reducción en la llegada de remesas, fuentes primordiales de su financiamiento, debido a la crisis global.
La inestabilidad política derrumbó también al turismo, otro de los motores de la economía local, con ocupaciones hoteleras de apenas un 20% en la última semana.
El oscuro panorama hace estimar a economistas que la subsistencia de la economía hondureña sólo está garantizada por unos seis meses.
“Honduras tiene capacidad de sostenerse de forma autónoma por cuatro a cinco meses”, dijo a la AFP el economista Martín Barahona, ex presidente del Colegio de Economistas de Honduras.
“En las actuales condiciones que un gobierno pueda resistir por más de seis meses es imposible”, coincidió Wilfredo Girón, profesor de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en declaraciones a la AFP.
Seis meses son los que faltan para que eventualmente asuma un nuevo gobierno tras las elecciones presidenciales que se realizarían en noviembre, según lo aseguró el gobierno de facto.
En este período Honduras deberá echar mano casi exclusivamente a la recaudación fiscal y las reservas internacionales para pagar sus compromisos urgentes, dejando de lado los programas asistenciales, lo que afectará aún más las condiciones de vida de los pobres, que representan al 70% de la población.
En 2008, la economía local había logrado expandirse cerca de un 4%, completando un período de bonanza que se inició en 2003 con un crecimiento promedio de 6%.
Pero al final de 2009 la economía local se contraería a un 2%, anotando su peor desempeño en una década, según estimó la nueva ministra de Finanzas, Gabriela ?úñez.
“En estas circunstancias, la única opción que le quedaría (al gobierno de facto) es devaluar la moneda, lo que agravaría la crisis social”, estimó Girón.
“Honduras no va a poder salir por sí sola del problema económico”, afirmó de su lado Barahona.
En un intento de aliviar el panorama a los más pobres, las nuevas autoridades -en conjunto con las cúpulas empresariales que apoyan al gobierno de facto- anunciaron un acuerdo para congelar precios de bienes básicos, como el pollo, la manteca y los huevos.
Se anunció además una férrea austeridad fiscal y se aseguró la solidez del sistema bancario.
“Vamos a trabajar con la mayor austeridad posible para que todos los hondureños salgamos adelante con esta situación que vamos a vivir en los próximos cinco o seis meses”, señaló Micheletti

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