La multiculturalidad de las elecciones europeas

La ausencia de una verdadera opinión pública europea ha quedado evidenciada una vez más durante la campaña para los comicios del 4 al 7 de junio al Parlamento Europeo, marcada en los países de la UE por las contiendas nacionales. “Paradójicamente, mientras el Parlamento no ha cesado de acumular poderes, la participación no deja de retroceder en cada cita electoral y seguimos sin contar con una verdadera campaña electoral europea”, se lamenta el eurodiputado socialdemócrata alemán Jo Leinen.

El fantasma de una abstención masiva sigue planeando sobre Estrasburgo (Francia), sede del Europarlamento, pese a que un sondeo reciente apuntó a un cierto repunte del interés ciudadano en estas elecciones. La encuesta realizada en los primeros días de mayo por encargo del Europarlamento muestra que el 43% de los electores está seguro de acudir a las urnas, frente a un pírrico 34% reflejado en un sondeo llevado a cabo entre enero y febrero.

La intensificación de la campaña en la recta final de las elecciones, que se celebrarán entre el jueves y el domingo en los 27 países de la Unión Europea (UE), ha logrado captar una mayor atención de los electores, pese a la falta de contenidos europeos. “En todas partes en Europa, se tiene la impresión de estar delante de 27 campañas nacionales, en las que los asuntos europeos quedan relegados a un segundo plano”, expresa Corinne Deloy, investigadora de la Fundación Robert Schuman.

En España, las elecciones europeas son vistas como un plebiscito sobre la forma en que el gobierno socialista ha gestionado la crisis económica, mientras la izquierda busca atribuir la debacle financiera y los excesos de los mercados a la ideología de la derecha liberal. Cuatro encuestas difundidas el domingo indican que el electorado español ejercerá un voto de castigo contra el ejecutivo en el poder, incapaz hasta ahora de frenar el alza vertiginosa del desempleo, alrededor del 18% de la población activa, votando en su mayoría al opositor Partido Popular (PP, derecha).

También en Francia, la izquierda opositora ha llamado a un voto de sanción contra el presidente, el conservador Nicolas Sarkozy, denunciado por la izquierda por haber arrebatado poderes a su gobierno, concentrando en su figura el peso del ejecutivo. En Alemania, la cita europea se ha convertido en un ejercicio de entrenamiento para los grandes partidos de cara a las legislativas de fines de año.

El desinterés popular por Europa se ve acentuado por la falta de entusiasmo de los propios políticos, reticentes en algunos casos a lanzarse en una carrera europea y dejar pasar la oportunidad de convertirse en hombres fuertes en casa, según Corinne Deloy. La falta de poderes claros del hemiciclo, percibido por los ciudadanos como un órgano distante e incomprensible, cuyo funcionamiento es conocido por pocos, desluce también la campaña y desalienta a los electores.

Otro elemento de disuasión en las urnas es la porosa frontera entre la izquierda y la derecha reunida en el Europarlamento. De hecho, un laborista británico puede entenderse mejor con un conservador español que con un socialista en un amplio abanico de temas. O, por ejemplo, los eurodiputados de un solo país pero de distintas ideologías pueden unirse con el fin de defender los intereses nacionales.

Estas diferencias obstaculizan la emergencia de partidos transnacionales fuertes. Enésima prueba de ello, los socialistas europeos han sido incapaces de consensuar una alternativa a la candidatura del conservador José Manuel Durao Barroso, que opta a su reelección al frente de la Comisión Europea a fines de año

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