Se estima una apatia electoral del 65%

Mucho ruido y pocas nueces en el escenario electoral durante el último mes. A uno días de que arranquen propiamente las campañas políticas para diputados federales el escenario electoral es prácticamente el mismo que medimos en febrero pasado, lo cual apuntaría a una Cámara de Diputados donde el PRI tendría más curules pero sin conseguir la tan deseada mayoría absoluta (241 diputados para el tricolor, contra 149 del PAN)

La razón por la que tanto brinco de los partidos no se refleja en el escenario electoral es porque hasta ahora, y según nuestros cálculos, los partidos apenas conseguirían el voto de sus electores estables, aquellos cuya preferencia electoral no se ve alterada por las circunstancias de una elección, sino que tienen que ver con factores de más largo alcance.

Entre los electores cambiantes sí observamos algunas diferencias respecto a febrero, pero son mínimas, 500 mil electores cambiantes que hace un mes decían que votarían PRI, ahora se suman a los que no votarían, pero de todas maneras y según el cálculo de votación efectiva que hacíamos hace un mes, esos 500 mil electores se abstendrían de votar igual que en febrero pasado.

La apuesta por una campaña donde sólo se señalan las debilidades del adversario es efectiva si y sólo si cumplen dos condiciones: primero, que la ventaja electoral del otro se base en electores cambiantes (los estables ignoran este tipo de campañas). La segunda condición es que esos electores cambiantes perciban riesgos concretos para su vida cotidiana si ganase el adversario, riesgos que se convierten en los mejores motivadores para llevarlos a las urnas.

Esas dos condiciones estuvieron presentes en 2006 cuando el PAN, con su estrategia contra López Obrador, consiguió que 2 millones de electores de los 12 millones que pensaban votar por el PRI, en el último momento votaran PAN con el único propósito de que AMLO no ganara.

Hoy el PAN parece que quiere repetir el asunto pero contra el PRI, como lo intentó en Yucatán, Coahuila, Durango, y en prácticamente todos los estados donde hubo elecciones después de 2006.

Pienso que en las elecciones federales una estrategia de este tipo no tiene mayores repercusiones, como no las tuvo en las elecciones locales donde lo intentaron, y no las tiene porque en primer lugar la ventaja del PRI se basa en la supremacía de sus electores estables, no en sus cambiantes como era evidente en el caso del PRD y López Obrador; y en segundo lugar porque más allá de si los electores se creen o no la línea de ataque que ha decidido el PAN contra el PRI, en una elección de congreso es difícil que los electores perciban un riesgo real y concreto, simplemente porque la mayoría o no lo termina por entender cuál es el trabajo de los diputados, o piensa que no tiene mayor impacto sobre sus vidas cotidianas.

Por eso no me extraña que en este momento las preferencias electorales no se hayan movido un ápice después de tanto escándalo. Según los datos de esta encuesta, en este momento calculamos que hay 5 millones 100 mil electores que no quisieran que el PRI ganara las elecciones de diputados, de ellos 600 mil piensan votar por el PAN y 900 mil por el PRD, los restantes 3 millones, aunque no quisieran que ganara el PRI tampoco encuentran motivación alguna para votar por otro partido y por eso simplemente se abstendrían de votar

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