La OPINION de Mauricio Valero

Es largo el relato de todo lo que nos ha sucedido a Rita, mi esposa, y a mí. Llegamos a Tokio el 1 de mayo, procedentes de la ciudad de México, con mucha ilusión por conocer parte de Asia.

El 5 de mayo tomamos el avión para Beijing, no sin antes conocer la situación dentro de China. Un sobrino nuestro trabaja precisamente en Beijing y su esposa nació allá. Nos dijeron que no habría mayor inconveniente, que únicamente nos tomarían la temperatura al bajar del avión. Y así… no fue.

Nos bajaron del avión fuera de plataforma como si de veras tuviéramos algo maligno. Nos subieron a mi esposa y a mí en una camioneta y llegamos a un lugar que me imagino es la enfermería del aeropuerto. Nos hicieron muchísimas preguntas y llenaron cuestionarios e informes. Nos ofrecieron agua y después de dos horas de estar en ese lugar nos dijeron en inglés que nos llevarían a un hotel para cumplir con una cuarentena. Nuestro corazón palpitaba más en cada momento por la incapacidad ya no de salir de ahí, sino de transmitir ideas y de que nos pudieran entender.

Llegamos a un hotel que se llama Guomen, a 20 minutos del aeropuerto. Nos tuvieron dentro de una ambulancia cerca de dos horas con un calor tremendo. Finalmente hicieron que nos bajáramos y nos llevaron a una habitación, con su ventana hacia un jardín, donde no hay nada. No tenemos aire acondicionado; la comida ha sido… no sé si mala, pero no a la que estamos acostumbrados: sin sabor. Cada vez que tocan la puerta sufrimos un sobresalto, no porque nos hayan tratado mal sino porque no sabemos el próximo episodio. Lo que sí puedo contar es que llegamos en perfectas condiciones de salud y continuamos hasta este momento recluidos, sin más.

Estamos angustiados y más molestos por este confinamiento, del cual desconocemos la razón ya que estamos en perfectas condiciones de salud. Se nos viene a la cabeza pensar: ¿qué sucedería si enfermamos por cualquier razón? Más por el estrés que traemos ya puesto de camisa. Queremos salir de aquí, eso es lo que pensamos a cada momento.

Este confinamiento nos ha servido a Rita y a mí para unirnos, platicar de todo pero, sobre todo, ver lo bueno de lo bueno. Nuestra actitud es positiva y seguirá siendo así hasta que podamos regresar a nuestro México. Hay muchos detalles que estoy escribiendo para poder recordar, después de aprender algo aunque sea de esta manera. Nos han tratado bien, pero quienes mejores han sido son las personas de la embajada de México en Beijing.

Nuestro cónsul ,Tadeo Berjón, y Alberto Limas han ayudando a los que nos encontramos en China. Nos han dado alimentos y algunas cosas que hemos necesitado

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