La OPINION de Leonardo Curzio

No es en el apogeo de una crisis de salud pública cuando se debe auditar el funcionamiento de un gobierno. En términos generales, la administración federal se ha apegado a dos principios acertados. Uno es trabajar en coordinación con la OMS y el segundo es que, aunque un poco confuso, ha optado por una política de transparencia. Durante la fase crítica es oportuno que cada cual, desde su trinchera, ayude y no distraiga con evaluaciones generales sobre el desempeño de los distintos organismos que ya habrá tiempo de hacer. Lo que me parece importante es contribuir desde una perspectiva analítica muy precisa a que se mejoren ciertos procedimientos y que se contemplen escenarios que pueden ayudar a mejorar la toma de decisión.

En primer lugar creo que ha sido un logro abatir con información avalada por la OMS la rumorología inicial que pretendía hacer pasar la emergencia como una cortina de humo motivada por sabrá Dios qué motivos. Los cubanos y los ecuatorianos con sus cierres a vuelos desde y hacia México derrotaron a los últimos incrédulos que imaginaban al gobierno de Calderón montando un gran teatro. Sin embargo, conforme pasan los días y la emergencia no cesa, empiezan a desarrollarse comportamientos preocupantes. Rumores sobre el tipo de cambio, el abasto de productos básicos empiezan a afectar, por razones diferentes a las que provocaron la emergencia, a la sobresaltada vida nacional. Las clases medias que en nuestro país todo saben porque siempre tienen un amigo en el lugar adecuado que les dice lo que nadie más sabe, están haciendo compras de pánico y repiten mil historias, al tiempo que tejen y destejen hipótesis sobre lo que viene. Tanto tiempo libre es terreno fértil para elucubraciones. Es oportuno ya que el gobierno empiece a manejar escenarios de salida de la crisis. El tiempo juega siempre en contra del gobierno en estos casos.

En esta semana que arranca, la expectativa de millones de personas es recobrar el miércoles la vida cotidiana. No es fácil organizar la vida ante situaciones de tanta tensión. Las comunidades escolares y las empresas deben estar preparadas para volver al contacto social sin histerias o discriminaciones. Creo que es muy importante que las asociaciones de padres de familia jueguen un papel constructivo y no esperen que verticalmente se les den todas las instrucciones y todas las certezas. Es tiempo de aportar, por ejemplo, a través de su red de contactos proporcionar información valiosa (como los artículos de José Sarukhán en este mismo diario del pasado viernes, o el de Julio Frenk en The New York Times del mismo día) y no correos insidiosos que despierten pánico.

Trabajar en las normas de higiene en las empresas con los mecanismos conjuntos previstos en la ley será un imperativo a partir de esta emergencia. Durante años hemos sido omisos en cumplir con estas normas de higiene. Nuestra proverbial complacencia con prácticas de manejo de alimentos que provocan asco y escarnio (lo de la venganza de Moctezuma no es gratis) entre los extranjeros deberán ser tomados como prioridad nacional. Durante años pensamos que nunca nos pasaría a nosotros y ahora descubrimos que, igual que la Argel de Camus, podemos sufrir una peste. Me parece igualmente claro que cuando las aguas vuelvan a su nivel se deberá revisar a fondo si la política de salud no requiere reforzar desde la base las normas mínimas de higiene y si el sistema de salud que, según la promesa presidencial ofrecerá la cobertura universal para finales de su administración, pasa la prueba mínima de la calidad

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