Elefante asiatico

El elefante asiático, como su pariente el elefante africano (Loxodonta africana), el elefante asiático está provisto de gran cabeza, trompa larga y musculosa, cuello corto casi inexistente, cuerpo grande en forma de barril y patas en forma de columna.
Las diferencias entre ambas especies son abundantes: para empezar, los elefantes asiáticos son más pequeños, con 2,0 – 3,5 metros de altura frente a los 2,7 – 4,0 metros que alcanzan los elefantes africanos (desde los elefantes asiáticos de Borneo hasta los de Sri Lanka por parte de los asiáticos, y desde los elefantes de la selva hasta los de la sabana por parte de los africanos), de cabeza abombada, orejas más pequeñas y redondeadas que no cubren los hombros, espalda arqueada y cola proporcionalmente más larga, aunque también coronada por un penacho de pelos negros, los únicos de longitud considerable en su piel dura, gruesa y correosa.
Al contrario que los elefantes africanos, no todos los elefantes indios presentan colmillos (que en realidad no son tales, sino incisivos elongados): éstos son largos y de tamaño considerable en la mayoría de los machos, pero las hembras con frecuencia carecen de ellos.
De longitud en la cabeza y el cuerpo miden de 5.5 a 6.4 metros, la cola alcanza de 1.2 a 1.5 metros.
En cuanto a los otros dientes, poseen 4 grandes molares de dimensiones y reemplazamiento similar a lo ya referido en el artículo sobre el elefante africano, aunque de morfología algo diferente. Los pies de las patas delanteras tienen cinco dedos en forma de pezuña, y los de las patas traseras, cuatro. El extremo de la trompa sólo presenta un lóbulo y un pene largo (40 cm).
A pesar de sus 5 toneladas de peso, los elefantes indios se mueven con relativa agilidad y de forma bastante segura, incluso en terrenos montañosos. La velocidad promedio de la marcha es de 5-6 kilómetros por hora, aunque pueden correr a más de 40 km/h si se asustan o enfadan.
Son buenos y resistentes nadadores, cualidad que en el pasado les permitió colonizar algunas islas de Indonesia a las que no se podía llegar andando, ni siquiera durante la bajada de los mares típica del Pleistoceno.
Los individuos salvajes viven en los bosques tropicales asiáticos, donde se alimentan de una amplia gama de hojas y frutas, en manadas compuestas por hembras (entre las que se encuentra una más vieja, la matriarca, que dirige el grupo), sus crías y a menudo un macho viejo, acompañado ocasionalmente de otro joven.
La mayoría de los machos, sin embargo, abandonan el grupo cuando llegan a la adolescencia y llevan a cabo una vida solitaria, acercándose solamente a las manadas de hembras cuando perciben por infrasonidos que una de ellas desea reproducirse.
Entonces los machos compiten entre sí, y el que resulte vencedor se aparea con la hembra en caso de que ella lo acepte (cosa que tampoco sucede a menudo).
Después de 22 meses nace una única cría que mama, en ocasiones, hasta los 5 años, aunque puede seguir a la manada a los 3 ó 4 días de nacer y hacia los 6 meses ya comienza a ingerir materia vegetal.
Las crías son vulnerables a los ataques de los leopardos y especialmente de los tigres, por lo que los integrantes de la manada cooperan para no perder de vista a los más pequeños.
* Con información de Salvat
Technorati Profile

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *