Ballena Franca

La ballena franca o eubalaena australis – del griego EU: verdadera, del latín AUSTRALIS: sur. Presenta el cuerpo curvado, carece de aleta dorsal y surcos o pliegues ventrales.
La mandíbula superior es larga y estrecha con el cráneo arqueado.
La cabeza ocupa el 25 % del largo total del cuerpo, está cubierta en zonas por callosidades vistosas de queratina originadas en la piel, habitualmente se observan parásitos como así también piojos de ballenas sobre estas formaciones, y su aliento es expulsado por dos espiráculos dibujando en el aire dos chorros en V.
Las extremidades anteriores han evolucionado hasta convertirse en aletas; aunque sus huesos todavía muestran reminiscencias de elementos óseos articulados terminados en dedos, las extremidades posteriores se han perdido por completo y no hay ninguna conexión anatómica entre éstas y la cola.
La cola es grande, dispuesta en un plano horizontal y constituye el principal órgano propulsor en el desplazamiento de la ballena; además, no contiene hueso sino tejido elástico y fibroso que le confiere firmeza y flexibilidad.
Por otro lado, el cuerpo está cubierto por una capa de grasa que ayuda a la flotación del animal, y además contribuye a mantener el calor y como medio para almacenar energía.
La piel de las ballenas carece de glándulas sudoríparas, de glándulas sebáceas y de pelo.
Solemos pensar que en el fondo del mar reina el silencio pero en realidad esto no es así. Está habitado por una gran variedad de sonidos, las ballenas constituyen uno de los animales que más sonidos aportan al mar.
La emisión de sonidos resulta fundamental para un ser que habita en un mundo en donde las condiciones de visibilidad escasamente permiten ver más allá de quince metros (en aguas claras)
* Con información de Oni escuelas Argentina.
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